domingo, mayo 21, 2017

NOTICIA 1704ª DESDE EL BAR: SCHULTEN EN NUMANCIA

"En esa serie de pueblos valerosos ocupan honroso lugar los habitantes de las montañas españolas, cuya guerra de independencia contra Roma se prolongó durante ciento cincuenta años, en tanto que la resistencia de los galos duró sólo diez... las tribus hispánicas de la montaña han estado siempre en lucha renovadamente frente a Roma, mientras que los habitantes de las ricas costas de Levante o de Andalucía prefirieron la paz... Este amor a la independencia ha persistido en la península hasta la fecha actual. Es gloria eterna de España el que, casi sin ejército y sin gobierno, fue la primera en abatir la tiranía napoleónica dando con ello un ejemplo a Europa entera. Como los numantinos y los saguntinos dos mil años antes, así en 1809 resistieron los españoles de Zaragoza y Gerona casi hasta el último hombre y, al igual que en la antigüedad, también las mujeres tomaron parte en el combate."

(Adolf Schulten, Historia de  Numancia, 1933.)

Numancia es uno de los capítulos recurrentes en la historiografía española y sobre España, a pesar de que cuando ocurrieron los sucesos de Numancia, España no existía ni como Estado ni como nación ni como país. Había en España una serie de pueblos de origen íbero, celta y también de mezcla celtíbera a los que sumar la presencia de pueblos de fuera de la peninsula, como griegos, fenicios y cartagineses. Fue precisamente la conquista cartaginesa de la península que forzó a reforzar lazos confederales entre las tribus y la intervención de la República de Roma en lo que fue la Segunda Guerra Púnica. Los romanos no abandonaron el territorio, cuestión que algunos pueblos íberos ya habían advertido a los otros a modo de temor de que las actividades bélicas de Roma no tenían que ver tanto con una ayuda contra Cartago como con el inicio de la conquista para anexarlo a los propios territorios romanos. La complejidad del choque de hábitos, culturas, formas políticas diferentes y otras cuestiones requiere de cierta complejidad y extensión que no vienen al caso en esta bitácora. La conquista romana de lo que sería Hispania duró doscientos años, fue el territorio que más tiempo les costó someter, aún así algunos pueblos del norte nunca fueron totalmente romanizados. De las provincias interiores de lo que fue el Imperio Romano, fue la única que mantuvo una legión militar permanente en lo que con los siglos será el territorio y ciudad de León. Sea como sea, la resistencia de la ciudad de Numancia frente a Roma está inserta justo después de la Segunda Guerra Púnica, cuando comienza la guerra de los pueblos ibéricos contra la invasión romana. En el año 153 antes de Cristo los romanos atacaron la ciudad de Segreda, aliada de los numantinos, lo que hace que Numancia entre de lleno en una guerra que dará otros nombres épicos para lo que después será la construcción de España, nombres como Viriato, Indíbil o Mandonio. Durante veinte años los numantinos pusieron en jaque a las tropas romanas, que hasta ese momento tenían una fama de invencibles que estaba siendo cuestionada, lo que animaba a otros pueblos conquistados o por conquistar a resistirse contra Roma. En el año 134 antes de Cristo Roma mandó al general Escipión "el Africano" con la orden de destruir la ciudad de Numancia. Escipión, gran estratega, estudió a fondo todos los acontecimientos militares ocurridos con los numantinos y decidió como la mejor estrategia sitiar la ciudad y asediarla impidiendo las entradas y salidas de la ciudad y que les pudiera llegar agua o comida. Construyó alrededor una red de torres, fosos, empalizadas y asentamientos militares desde donde atacaban la ciudad. Después de más de un año de resistencia, en el 133 antes de Cristo, los numantinos decidieron suicidarse en masa y destruir la ciudad ellos mismos antes que rendirla y entregarla a Roma o que ser esclavos de Roma. Este suceso ha sido contado, utilizado y reinterpretado múltiples veces a lo largo de la Historia para construir una especie de identidad de esencia española y otorgar lógica a un Estado llamado España. Dependiendo del siglo y del momento histórico se transmite el conflicto bélico de Numancia con una u otra interpretación en auxilio de esa construcción de la idea de España que pretende el grupo de personas o la persona que usa de este hito.

Numancia, situada en el cerro de la Muela en la provincia de Soria, fue una ciudad bien conocida en la documentación histórica, pero en los últimos años del siglo XIX y primeros años del siglo XX sus restos arqueológicos eran apenas conocidos, por tanto faltaba a todo aquel conocimiento los datos que podían aportar los restos materiales del lugar. Entre las dos y tres primeras décadas del siglo XX un arqueólogo e historiador alemán, Schulten, llegó a España dispuesto a excavar y estudiar en profundidad la ciudad, junto a otros arqueólogos españoles. Descubrieron la existencia de una gran riqueza de restos de construcciones numantinas y romanas, así como una gran cantidad de objetos, muchos de ellos de carácter bélico. A toda la bibliografía escrita sobre Numancia a lo largo de dos mil años se le sumó los escritos de Schulten sobre sus hayazgos y conclusiones reflexivas sobre Numancia y lo allí ocurrido. Se publicó por primera vez su obra al respecto en 1933, en Münich, en una Alemania donde el partido nacionalsocialista (nazi) de Adolf Hitler accedía al poder y comenzaba a aplicar desde el gobierno sus teorías sobre su creencia de la superioridad racial germana. En España la Segunda República usó del mito de Numancia durante la guerra civil para expresar la resistencia contra el fascismo, sobre todo de la ciudad de Madrid, con el frente de batalla en sus límites, y para remarcar la idea de una nación española que combate la llegada de tropas extranjeras con ideas y costumbres no propias de los españoles. La victoria precisamente del fascismo y del nacional catolicismo del general Franco hizo paradójicamente que Numancia se reinterpretara precisamente en esa segunda acepción de un pueblo español que combate lo extranjero y sus costumbres, en referencia al comunismo e incluso a las formas democráticas anglosajonas y francesas, pues a la vez usaron de Numancia, de otros héroes de la antigüedad y de los visigodos como forma de justificarse y aproximarse al gobierno nazi, al tratar de defender una idea de los españoles como raza afín a la germana, cosa que no cuajaba en los teóricos del nazismo alemán, sin embargo, se mantuvieron relaciones para explorar esta vía. No es de extrañar que la obra de Schulten se reeditase en España con prólogo de Bosch Gimpera en 1945, año que, por otra parte, el nazismo cayó. 

Cuando Schulten trabajó en las excavaciones de Numancia en los primeros años de la década de 1900 procedió a una de las costumbres arqueológicas del momento, llevarse las piezas que le parecían más interesantes a su propio país. Por lo que muchas de las piezas encontradas pasaron el siglo XX y lo que va del XXI en un museo alemán del que nunca salieron. Ahora, en estos meses, el Museo Arqueológico Regional de Madrid, en la Plaza de las Bernardas en Alcalá de Henares, está realizando una exposición temporal sobre los trabajos de Schulten en Numancia y parte de aquellas piezas que se fueron a Alemania y nunca salieron de allí han sido prestadas sólo para esta exposición temporal. A estas piezas cedidas se le suman otras del Museo Arqueológico Nacional y de un museo interpretativo que se encuentra en la propia Numancia, hoy ruinas visitables para los turistas. Le acompañan planos, mapas, libros, cuadernos de notas originales del propio Shulten y otros y fotografías de cierto valor historiográfico, aunque poco llamativos en lo artístico. Es la primera exposición de esta embergadura y monotemática sobre Numancia. Se puede visitar gratuitamente.

Hay una gran cantidad de puntas de lanzas romanas, regatones, monedas, cerámicas, fíbulas, brocados, espadas, material médico de la época, etcétera. Su valor, vuelvo a insistir, es más materil histórico que artístico. Con un buen guía, o al menos yendo con alguien informado, se puede aprender mucho de las culturas numantinas y romanas, así como de cómo era la arqueología de comienzos del siglo XX, atendiendo a los detalles materiales de estos objetos y tratando de pensar su porqué así y no de otro modo. Lamentablemente las cartelas que acompañan los objetos responden muchas cosas generales de aquella excavación, pero obvia o da por sabido las particularidades y detalles de estos objetos, dejando a un visitante que no conozca la Historia a través de sus objetos o bien con preguntas por resolver o bien con una sensación de haber asistido a la exposición de un montón de hierros que guardan cierto morbo por cuanto hace dos mil cien años entraron en combate, herirían y matarían. No es mi caso, como historiador y como archivero he disfrutado de la exposición, pero sí conozco personas que tras verla se encontraron algo desilusionadas al no comprender ni saber interpretar tal ingente cantidad de puntas de lanza romanas y sus regatones. 

A esta exposición la complementa otra de carácter artístico situada en la sala de exposiciones de la Capilla del Oidor, en Plaza de Cervantes. Se trata de esculturas creadas por Sara Giménez tratando de imitar figuras y formas celtíberas en torno a Numancia, con inspiración y basándose en los restos arqueológicos de los celtíberos en la zona. 

Realicé la visita a la exposición entre mis muchas actividades del 9 de mayo, el día anterior a la muerte de mi madre. Tenía pendiente escribir sobre ella. Pensaba escribir de esta exposición pensando sobre el fenómeno de la guerra en relación a la creación de identidades nacionales. Pero la final la muerte de mi madre y el retraso en la escritura de esta reseña me ha hecho escribir algo más formal. Más aburrido. La guerra supone un desperdicio de vidas.

jueves, mayo 18, 2017

NOTICIA 1703ª DESDE EL BAR: LA INDECISIÓN ESTÁ TOMADA

La indecisión está tomada, ciertamente. Son tiempos de incertidumbres y eso crea indecisiones que han de desembocar en algún tipo de decisión. Buenas, malas, acertadas, desacertadas, dolorosas o no, hay indecisión pero la obra apremia a decidirse o el tiempo decidirá por ti. 

Un día antes de la muerte de mi madre, el martes 9, tuve un día muy repleto de actividades desde el mediodía hasta entrada la noche. Una de aquellas actividades era la asistencia a la inauguración de la nueva exposición de la Sala de Exposiciones Santa María la Rica, en la calle Santa María la Rica de aquí, de Alcalá de Henares. Allí hay otras exposiciones curiosas, como por ejemplo la recreación de la vida del cardenal Cisneros con muñecos de Playmobil, pero esta exposición en concreto se muestra en la Sala Kioto 1998, y se podrá ver de forma gratuita hasta el 4 de junio. En la inauguración estuvieron una parte de los artistas participantes, algunos de Madrid capital y otros de Alcalá de Henares. Gente joven del Arte actual que en parte habían coincidido como grupo en su formación en el pasado y en parte eran, otros, gente de la escenografía teatral. Cada uno había evolucionado en su camino con sus estilos, técnicas y temáticas, pero a todos les reunía, aparte del pasado común y la amistad, ese hecho de todo creador: la indecisión a la hora de tomar decisiones que den forma a lo que estás creando. La búsqueda de un sentido, o de una dirección. Por ello el cartel sacado de la ilustración de María González es bastante sugerente como concepto ilustrado de esta exposición colectiva: dos lapiceros hechos un nudo entre sí. Algo similar se me ocurrió de pequeño con un bolígrafo, pero aquí está mejor representado a grafito y lápices de colores. 

El martes 9 sólo pudieron acudir una parte de los creadores, estuvieron presentados y acompañados de María Aranguren (PSOE), Concejala de Cultura. En todo caso, menos oficial pero no menos importante, todos los artistas estuvieron presentes en la sala el sábado 13 para presentar en persona sus obras a los asistentes y celebrar tanto la exposición como su reencuentro. Yo estuve invitado, pero la muerte de mi madre me tenía absorbido, aunque para ese día ya estaba en su columbario. Todos los autores son: Ana Alonso, Zaida Escobar (que tenía un peso importante en la consecución de este espacio), Rocío Fenoy, Nuria Henríquez (que le dio un gran esfuerzo y dedicación para lograr tal evento y reunión de creadores en un proyecto común como era este), Celia Millán, Rocío Peirano, Paula Zequeira, Miguel Ruz, Miguel Zamorano, Ángela H. Haller, Marcos Carazo, Mario Jiménez y María González.

La indecisión puede llegar a ser tal que a veces nos puede provocar no llegar ni a poder decidirnos a poner nombre a nuestra obra. Algo nos atasca y hace que la dejemos tan libre a interpretación que pueda ser todo válido a ojos del creador y del espectador. Es el caso por ejemplo de la obra de Rocío Fenoy, realizada con gofrado, pegado y collage. Mi mente tendía a completar una forma, quería ver muebles de papel en esta obra que transciende las tres dimensiones, pero en realidad eran cubos incompletos y tiras de papel que no se sabe muy bien a dónde llevan. Lo curioso es que pese a lo indeterminado de la obra, lo incompleto, la autora estuvo retocando las tiras de papel incluso en la inauguración ante mí mismo. La indecisión era, pues, total. Y eso es parte obvia del proceso creativo. es algo necesario. La inconformidad, la indecisión, siempre el retoque, pero al final la necesidad de darlo al público de algún modo. En este caso le da al público la generosidad total de la libertad interpretativa a costa de la decisión de dotarle de falta de decisiones, o quizá de decisión precisa de indecisión. 

La indecisión es como un laberinto, y así lo ha visto también en Décalo Paula Zequeira con una técnica mixta. A mí me interesó esta ilustración porque me recordaba algunas de las obras de la psicodelia de los años 1960. Laberintos procelosos de formas y vegetaciones en este caso, con trazos limpios pero a la vez enrevesados. Blancos sobre negros manchados de formas de colores, y las personas que se desdoblan o que en sus movimientos ellas mismas crean sus laberintos. Y es eso la indecisión, el laberinto que uno mismo se crea y por el que se mueve tratando de encontrar la puerta, a veces cerrada, a veces abierta, a veces oculta, a veces clara.






 Los papeles recortados formando formas y dimensiones  de Miguel Zamorano, como por ejemplo en Donde me lleve el viento, tambien me recordaba a creaciones de los años 1970 y 1980. Lástima que a la pureza de su blanco se le haya colado el reflejo de la sala en el cristal que lo cubría. Como sea, en esta obra me parecía curioso como una persona que abulta apenas es una línea en su sombra, como un trapo de bandera ondeada, y un  pequeño árbol simula en su sombra un gran árbol. Reflexiones. 


Zamorano explicó un poco su obra, aunque sin duda de él, algo que me gustó mucho, fue su poema en el catálogo de la exposición. Resume bien esos cuadros de blancos impolutos con formas recortadas en dos dimensiones. Pero ese poema, muy sencillo en su composición y aparentemente ceñido a la temática expositiva, me hace pensar en un transfondo más profundo y transcendente, esa lucha casi metafísica de las vidas cotidianas contra esos grandes espacios desconocidos que día a día hay que atravesar con decisiones que a veces son no tomadas, aunque deseadas, e ahí el mundo total del último verso, que con cierta gracia esconde una transcendencia severa y profunda de un conflicto interior de la persona, de toda persona. La decisión por tomar y no tomada, pero no por desconocida, si no por otras causas. Los temores, la indecisión. Lo desconocido y el viaje en ello.

Como una Alicia ante el espejo,
observo el mundo del lado inverso,
trazo, tacho, borro y empiezo,
no doy con el fin de este verso.

Tropieza mi pensamiento,
palabra que fluye muda,
no sé si afirmo o disiento,
lo que tengo es una duda.

Tal vez me atreva atravesarlo,
daré ese paso de brontosaurio,
olvidaré toda flaqueza,
¿veré a mi trazo ser certeza?

Por Miguel Zamorano


En otro cuadro a lapicero de María González, La indecisión está tomada, aparece una especie de fantasmita que es en realidad una persona repetida diversas veces sobre sí, en sí, y dentro de sí, colocada a la altura del corazón, de los pulmones, de la cabeza, del estómago. Las indecisiones a veces no son algo racional, aunque lo racional intervenga. Lo visceral es algo consciente y está presente como un espectro. No es algo ageno a uno mismo. Y en paradoja y en error, también en este cristal se coló mi reflejo, y he ahí que yo me declaro en indecisión. También pueden transformarnos las indecisiones en búhos, sin dejarnos dormir. Algo de búho tiene la figura que nos muestra María.






Zaida Escobar en una especie de autorretrato tríptico evoluciona de un lío de lineas embrollado a otros dos cada vez menos embrollados, pero a la vez embrollados aunque dando forma a su cara. Principio, nudo y desenlace en lápices de colores. Eso somos en buena parte todos, ¿no? Y si no fuéramos así no seríamos todo lo humanos que somos. El ser humano está ahí, en su capacidad de manejar su intelecto, y ese intelecto se ve forzado a tomar decisiones, a menudo son sencillas, pero a menudo también son de una complejidad que nos embrollan casi como a nube de tormenta.  Somos indecisión y decisión, y eso nos crea un diálogo interno y una discusión con nosotros mismos. Eso nos forma como personas. Vidas intensas o no intensas, todos pasamos por ahí.

Procrastinar, postergar en el tiempo algo que podríamos hacer ya. Lo ha sabido ver Nuria Henríquez a tinta e hilo. La mesa de trabajo, la de tomar decisiones, abandonada mientras miles de tareas que distraen son efectuadas por uno mismo alrededor de la mesa. Esa es una parte importante de la indecisión. Lo que sabemos que pudiera ser determinante suele provocar que tendamos a la procrastinación. Miedo a lo desconocido, o miedo a perder lo conocido, miedo al resultado, o deseo de mantenerse en la creación. No se conocen las respuestas de los resultados, o quizá se sabe bien cuál será la respuesta. Este cuadro es la paradoja a reflexionar sobre nosotros y algunas de las indecisiones. 

Saludos y que la cerveza os acompañe.

domingo, mayo 14, 2017

NOTICIA 1702ª DESDE EL BAR: LA SOLEDAD DE LOS OSCUROS PASILLOS DEL ALMA

En la tarde del 11 de mayo descubrí la primera flor de la planta del dinero que este año, por tercer o cuarto año consecutivo, florece en esta planta que era de mi madre, pero que en los últimos años la cuidaba yo. Le gustaba mucho a ella lo grande y hermosa que había logrado que estuviera. Y le gustaba mucho cada primavera de estas últimas primaveras ver que florecía. Le gustaba en las primaveras ver florecer a nuestras plantas. Su planta del dinero floreció posiblemente en torno al día 10, día en que por la mañana ella murió. Que la tierra le sea leve. Fue incinerada aquel día 11.








Era 2009 cuando yo trabajaba de técnico y vigilante medioambiental para el ayuntamiento de Alcalá de Henares cuando mi madre llegó un día de la compra y me sorprendió con un regalo inesperado a raíz de los consejos y cosas que yo le iba contando para mejorar el cuidado de sus plantas, o sobre la fauna y flora de Alcalá, cosas que aprendía en el trabajo. Se trataba de mi primera planta propiamente mía. Un cactus. Este creció bastante, aunque es pequeño, y nos florece todas las primaveras. Sus flores duran pocos días, y mi madre siempre quería verlas. Ninguno nos las queríamos perder. Este año dio una gran cantidad de flores, en la misma maceta pintada por una niña vecina nuestra, casi familia, que mi madre quería como a una nieta, tal como a toda esa familia se las quiere como nietas, hijas, hermanas... Aunque no lo sean. Aquella niña que pintó la maceta es hoy una adolescente, y allí estuvo también. Los capullos empezaron a salir a principios de mayo, y florecían el día 10. La fotografía es del día 12, cuando la juntamos con mi padre y abuela con un retrato de Reina, su amada gata. Pudo haber visto estas flores, pero yo andaba atareado con los estudios de oposición y los cuidados del tío Félix. No sé si llegó a verlas este año, si lo hizo, no lo hizo conmigo aún. Siempre las veíamos juntos y hablábamos un rato de ellas y sus pocos días de duración. Este año están durando más días, aún las tiene y le han salido más capullos para florecer.


Volvamos al día 10. Yo hice la vela de la noche de aquel día al 11. El día 10 amaneció fresco, pero con cielo azul y soleado. En mi casa ocurría lo que ocurría, mientras en la misma calle y en la misma hora un coche atropellaba a un niño que cruzaba suelto de la mano de su madre por un paso de cebra. Coincidencias del destino extraño. Hacia la tarde se levantó más frío y se encapotó el cielo. Por la noche el cielo era oscuro, lleno de nubes de tormenta sobre el lago del cementerio jardín que Alcalá de Henares tiene en el monte Gurugú. Tenían las nubes una panza rojiza hacia el fondo, recortado de las siluetas de los árboles, de vez en cuando algún toque blancuzco de una luna llena o casi llena. Dos relámpagos enormes se dejaron ver al fondo. Cuando estaba a solas con mi madre estallaron dos tormentas que sonaban fuertemente y los patos y gansos del cementerio se quejaban juntos en un quejido que casi urgía a salir a ver qué se podía hacer por ellos. Pero a veces lo que urge a hacerse no es posible hacerlo. 

"Todo pasa y todo vuelve / pero lo nuestro es pasar", escribió en un poema Antonio Machado. "Las vidas son los ríos que van a dar a la mar", acertó Jorge Manrique. Así pasé yo el río Henares en el camino del cementerio por el puente viejo. Un ritual íntimo y de significado personal desde la muerte de mi padre en 2003, a quien mi madre tanto quiso. También allí había patos, unos pequeños que seguían en su nado a la madre. Aquellos fragmentos de poesía los leí en las palabras públicas que le dediqué en su sala de velatorio ante todas aquellas personas que quisieron estar en ese momento. Fue tras la misa. Hubo quien fue a la misa y hubo quien fue a mis palabras, hubo quien fue a las dos cosas. Recité también un poema de Leopoldo María Panero, uno de uno de sus dos últimos libros, póstumos, pues los compuso a sabiendas de que estaba terminal. Se desprendía en él la desesperación y reflexión de quien sabe que se muere y no quiere morir, ante el desasosiego de la nada. Dije algunos recuerdos sobre mi madre en torno a mi poesía y a mí respecto a nosotros dos. Nunca vino a ningún recital mío, salvo a un recital de intermedio de un festival de rock, en la Plaza de Astrana Marín, la Capilla del Oidor. Leí un poema que le compuse aquella noche, pues he compuesto en sus velatorios un poema para cada una de las personas queridas y cercanas que se han muerto, sobre todo desde 2003, la muerte de mi padre, que no han sido pocas, algunas más jóvenes que yo. Os comparto el poema. Fue aquel mi recital más reciente e improvisado. Un recital muy breve, de recuerdo y dos poemas. El mío tal vez no sea recitado nunca más, o tal vez sí. En principio sólo fue recitado esa vez, y tal vez no proceda ser recitado otra vez, aunque sea publicado. Fue mi recital más breve, esta vez sin la guitarra de mi buen amigo Sergio Corbacho, que no pudo ir al funeral.

Cuando a mi madre le dio el primer ataque grande de salud y fue hospitalizada dio la coincidencia de nacer la hija de una amiga mía en el mismo hospital. La segunda vez que ocurrió otra amiga coincidió igualmente dando a luz a otra niña. Y la penúltima vez que la hospitalizamos, por tercera vez otra amiga más dio a luz un niño. Tres veces y tres coincidencias exactas. Mismo día, tres nacimientos. El día que murió, en la misma calle y hora atropellaron a un niño. Una rosa rosa mira por la ventana de mi salón estos días. Era de una de las coronas de flores. Le acompaña una ramita de palma. Una vida se fue y tres nacieron, y las flores que también nacieron nos dicen que es primavera, cuando la vida más viva está.


La soledad de los oscuros pasillos del alma

Desde los oscuros pasillos del alma
una nube blanca en el cielo negro,
roja su panza de lluvia devora ánimas,
envuelve mi carne hasta el hueso.
Tremenda voz de la jabalina incrustada
en el pecho deshecho
que lucha entre el ser y la nada,
querer ser y no ser nada;
arena del reloj que nos hunde los ojos
ante la incapacidad de nuestras manos
para asir del pecho a la vida,
para a pulmón partido pedir que no se vaya,
aunque como un caballo sin bridas
se nos desboque y tire sin nadie que nos levante,
y como el niño de ayer
sólo poder decir "madre",
a la espera de la vida,
esa que nos fue concebida.
"Madre",
siempre como la palabra mágica
que nos recuerda nuestro inicio,
 y lo invoca,
pero no ahuyenta a la jabalina.
Temblor de metales que al sonar
proclama "madre",
apareciendo como un rumor
en crecimiento de la niebla
repleta de millones de madres,
flores blancas,
temblor de corazones,
y el ave
que nos sobrevuela
como un ángel que creemos que dice "madre",
pero sólo nos vigila
para cuando sólo seamos carne,
 y lo demás:
vigilia.

(Por Daniel L.-Serrano "Canichu", 10 de mayo de 2017, velatorio de mi madre, Dolores Páez García, Loli, dedicado a ella, cementerio jardín de Alcalá de Henares.)

En 2012 tuve la suerte de poder asistir al concierto que se realizó en la Catedral Iglesia Magistral de los Santos Niños Justo y Pastor, de Alcalá de Henares, dedicado al Réquiem que compuso Mozart, del cual hablé y expliqué sus pormenores de composión y culminación póstuma en la Noticia 1066ª. El concierto lo ofrecía la Sociedad Lírica Complutense, con arreglos de una amiga personal mía, a la vez pareja de un amigo que lo es desde que íbamos a la guardería juntos, allá en los tiempos en los que apenas habíamos aprendido a andar y a usar las pinturas, ella es Conchi Díaz, la cual también fue una de las voces principales de aquel concierto. Ellos estuvieron, como no podía ser menos, en el entierro, y me parece indicadísimo cerrar esta entrada de dedicatoria con un fragmento de aquel concierto, con el Rex Tremendae. Saludos a todos y que la tierra le sea leve.


 
(Este poema está acorde aley de la propiedad intelectual del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y teniendo además registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. De este poema no está permitida su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro sin autorización expresa del autor).

domingo, mayo 07, 2017

NOTICIA 1701ª DESDE EL BAR: LOS PASEOS MATUTINOS

Hace una semana que no os traigo nada nuevo por la bitácora. Por un lado es el estudio de la oposición. Por otro lado es un poco de dejadez personal. Algo de desánimo. La falta de unos ingresos estables, de un trabajo, de un presente, de un futuro. He estado en algunos eventos sociales de mis amistades, pero la cosa es que en general por diversas cuestiones tengo algo de desánimo. Por las mañanas busco trabajo, estudio la oposición, asisto las necesidades de mi tío cuando se levanta... a veces paseo antes de la hora de que se levante. Está bien vivir cerca de una zona verde y ver el Cerro del Viso y las ruinas de Complutum. Hace poco han abierto a visita la reconstrucción de lo que quedaba de la Casa de los Grifos. Traté de ir a verla, a sabiendas de que allí no había nada levantado, lo que hubiera estaba caído bajo tierra, así que lo que se puede ver ahora tiene mucho de albañilería actual con los restos y la hipótesis arqueológica de lo que allí hubo. Se supone que era la casa de alguien importante del Imperio Romano, tal vez dueño de alguna de las termas o de los negocios del foro. Contiene restos de pinturas y ciertos lujos decorativos. Sin embargo, no pude verla, al ayuntamiento o a la Comunidad de Madrid se le ha ocurrido la idea de que sólo se puede visitar mediante cita con la oficina de turismo, pues quieren que sólo puedas conocer la versión del guía del ayuntamiento sobre esos restos, cuando hubiera sido más útil combinar esa opción con la de una visita normal donde el visitante pueda leer una cartela y juzgar con su criterio. Me da pereza de momento solicitar tal cita. 

Cerca de allí, en el Paseo del Juncal abrieron en diciembre pasado una churrería llamada LYM. Es un negocio familiar y son gente muy amable y muy sociable. Me gusta el trato que dan y las ideas que le dan al negocio. Hace muchos años, cuando yo era niño, en los años 1980 y parte de los 1990, allí existía una churrería anterior. Mi padre a veces nos compraba porras y churros en ese lugar. También había un kiosco de prensa, pero este cerró y lo quitaron. Y también cerró aquella churrería, que pasó a ser un bar de corta vida y luego un negocio cerrado por muchos años. Así que es agradable que vuelva a ser una churrería. A veces me da por desayunar allí antes de atender los asuntos de la casa, y los de la oposición y la búsqueda de empleo. Los sábados regalan pan con los desayunos, lo hacen ellos mismos. Es agradable.

Intentaré escribiros tratando de contaros algo interesante dejando pasar menos tiempo. Son temporadas. Pero es cierto que necesito ingresos estables de un trabajo que además me haga sentir útil, realizado. Saludos y que la cerveza os acompañe.

lunes, mayo 01, 2017

NOTICIA 1700ª DESDE EL BAR: EL DESMOVILIZADO 1º DE MAYO

Este 1º de mayo de 2017, Día del Trabajador, tiene en España el lamentable dato de ser el año que los trabajadores se rindieron. Al menos de momento. La lucha obrera por sus derechos parece paralizada. Hace unas semanas se nos informaba en los medios de comunicación que las estadísticas oficiales del Estado registraban que de lo que va de 2017 es el año con menos huelgas convocadas y secundadas. Una trayectoria que viene dándose desde el año pasado, 2016, si bien el número de trabajadores secundando huelgas ha ido disminuyendo desde el año 2012. El periodo 2016-2017 es el periodo con menos protestas sociales en toda la Historia española desde el final del franquismo a mediados de los años 1970, y además, las menos secundadas. Un dato que contrasta drásticamente con la paradoja de que el periodo 2011-2013 fue el periodo que más huelgas, protestas sociales y manifestaciones han habido en España desde precisamente el final del franquismo, en la Transición. Descontando las manifestaciones y protestas que no implicaban huelgas en los años de las décadas 2000-2010, o sea, sin contar las protestas estudiantiles, el "No a la guerra", la movilización contra la contaminación y gestión del caso del petrolero "Prestige", las manifestaciones por el 11M, las del 15M, las provocadas a favor y en contra del aborto, las de la visita del Papa, las del matrimonio homosexual, las de las mareas sociales, las de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y otras, quedándonos tan sólo con las movilizaciones de huelga laboral tenemos esa paradoja de datos de haberse convocado un gran número de ellas desde 2011 y no haber sido secundadas porcentualmente por una gran cantidad de trabajadores, cosa que no quita para que a las huelgas generales de 2010 y 2012, o las movilizaciones mineras y otras, acudieran desempleados en apoyo de aquellas huelgas. 

También los convenios laborales desde el periodo 2012-2013 han ido a la baja a causa de la reforma laboral hoy día en vigor, la del Partido Popular de 2012. Más allá, el sueldo medio anual se ha atascado desde 2007, después de que desde 1976 siempre había ido en aumento, A ese freno al sueldo que se vive desde 2007 se le ha de sumar una progresiva pérdida de poder adquisitivo. Buena parte de estas cifras se pueden consultar en la edición en papel del periódico El Salto de este mes de abril recién acabado, en el artículo "No está de moda convocar huelgas"

La media nacional de desempleo a finales de marzo pasado se situaba en el 18'63% de la población española en edad laboral, siendo Extremadura, Andalucía y Canarias las comunidades autónomas más afectadas. Desde el comienzo de la crisis económica en 2008, fueron los años 2011 a 2013 los que peores cifras de desempleo han tenido. Si bien el pico en alza del año 2010 era algo inédito y considerado muy grave por entonces que todavía no se había vivido ese periodo 2011-2013. A partir de ahí, del 2013, el número de parados va bajando, pero aumenta estrepitosamente el número de trabajadores temporales y los salarios sufren mayores recortes, al igual que los derechos laborales a causa de la reforma laboral de 2012, y los convenios sectoriales van caducando y cesando en perjuicio de los trabajadores y en favor de las cifras de las grandes y medianas empresas. Se puede consultar en Mercado, suplemento económico de los domingos del diario El Mundo, en el artículo "El PIB supera la crisis, la sociedad no". En ese mismo suplemento se encuentra la más lúcida de las visiones de la actualidad de la crisis, analizada por Lucía Méndez en "El grito de la generación que va a vivir peor". Allí, muy acertadamente, se analiza cómo se ha soportado a la crisis gracias a los ahorros y ayudas de padres y abuelos, a costa de no crear la propia familia, no tener la propia casa, tener trabajos de uno o tres meses de año en año o en más tiempo, recibir sueldos ínfimos, etcétera. Se ha creado un caldo de cultivo de protesta que si bien sorprende en algunos resultados electorales, estos no sorprenden nada en la calle misma. En el día a día. La pregunta es, cuando los ahorros de padres y abuelos ya no puedan ayudar, ¿por dónde va a estallar todo? Atendiendo a los ejemplos de la Historia, no hay olla a presión que tarde o temprano no suelte todo su vapor a presión acumulado. O en otras palabras: no hay acción sin reacción, tarde más o menos en saltar. Por ello la cuestión ya no es sólo cuándo, si no cómo. 

El socialdemócrata holandés Jeroen Dijsselbloem, presidente del eurogrupo de la Unión Europea, comentó el pasado marzo que los problemas económicos de la Unión eran por culpa de los países del sur de Europa, a los que nos acusó de gastarnos el dinero en mujeres y alcohol, dijo literalmente. A la hora de pedir perdón por una visión xenófoba de la economía europea no mejoró el mensaje. Dijo que dijo lo que dijo a causa de su educación religiosa jacobina, que le impide mentir. Así pues sabemos que algún socio europeo nos mira con su xenofobia y su racismo y se cree tocado por la gracia divina de la posesión de la verdad al acusarnos de vicios sexuales y etílicos capaces de arruinar al continente entero, sin asumir ni una sola responsabilidad de las recetas económicas ultraconservadoras que se han tomado por unas instituciones europeas que en 2007 estaban mayoritariamente en manos conservadoras y en 2017 siguen en las mismas manos, votadas y elegidas por los propios europeos y a menudo auxiliadas en sus intenciones por los socialdemócratas, razón por la cual quizá explica en parte el derrumbe de los partidos socialdemócratas en las más recientes elecciones estatales de Europa. Partidos socialdemócratas que después de la Segunda Guerra Mundial olvidaron sus objetivos iniciales de finales del siglo XIX y principios del XX y los cambiaron por los del Estado del Bienestar a los que tanto se abrazaron los de los Estados europeos durante la Guerra Fría. Los trabajadores aceptaron este cambio. Aunque se desvirtuaba la idea de los objetivos reales de la socialdemocracia, los trabajadores aceptaban estos nuevos objetivos. El problema es que tras el final de la Guerra Fría en 1991, y con un parón en 2001, los partidos socialdemócratas comenzaron a abrazar en exceso como objetivos propios los objetivos de partidos conservadores, dándose el caso de que en la realidad se comportaban como partidos de izquierdas del siglo XIX, liberales, progresistas, pero no socialistas, sino burgueses. Quizá, puesta esta careta, esto explica que Macron, un liberal de izquierdas, no socialista, es quien tiene actualmente más posibilidades de ser presidente de Francia el próximo domingo. En todo caso, estos son conservadores en lo económico, progresistas en lo demás. Los trabajadores aún tendrán su largo deambular y descontento por el desierto. Veremos en breve otros capítulos de todo lo que estamos viviendo en padecimientos laborales. A lo mejor nos sorprende y me equivoco, pero por lo que hizo como ministro del gobierno de Hollande, no parece que esto vaya a ser diferente. Ya sabemos que lo que ocurre en Francia suele expandirse al resto de Europa.

En España ahora mismo estamos en las horas más bajas de la combatividad por los derechos laborales, pero eso no quiere decir que no exista descontento, ni que este no vuelva a la carga en forma de reivindicciones futuras. La gente ha tenido una gran nada, ahora se les ha ofrecido un poco y se agarran a ese poco, que supone seguir teniendo nada, pero pudiendo picotear un mes al año. Las encuestas dicen que aún volvería a ganar las elecciones otra vez el Partido Popular, eso a pesar de la corrupción. Más que mérito del gobierno me parece demérito de la oposición política, ninguno de los más votados está ahora mismo en sus mejores momentos ni acciones. De los sindicatos ya ni hablamos. A este panorama hay que sumarle los organismos internacionales que reclaman a España tanto intentar crear empleo estable como crear mayores recortes en los derechos laborales. El panorama desde luego no pinta bien. Todo empezará a volver a tener respuestas tras los presupuestos generales, para bien o para mal, pero los sindicatos están reaccionando tarde. Unidos Podemos y los sindicatos habían reclamado un aumento del sueldo mínimo interprofesional, cosa que en una jugada política para auparse entre ellos acordaron a principios de año PP y PSOE. Este año se produce el mayor aumento de ese sueldo mínimo, pero a la vez se ha producido un aumento de la pérdida de poder adquisitivo a través de diversas subidas de otros conceptos que los trabajadores pagan. Así que todo parece una broma, pero oye, este 1º de mayo sabemos que en este 2016-2017 batimos récord de que nadie quiera ir a la huelga ni protestar, por miedo a perder lo poco que tiene, o tal vez cansados de tantos años de lucha desde el 2011, o tal vez desmovilizados al confiar que ya está Unidos Podemos en las instituciones, hagan estos lo que hagan dentro de estas. ¡Y pensar que en 2011-2013 el número de movilizaciones era tanto como cuando la Transición...! Si algo se debió reforzar y renovar a partir de la puerta abierta de 2011, no me cansaré de decirlo, no debió ser un nuevo partido político, si no los sindicatos y la acción sindical. Saludos y que la cerveza os acompañe.

miércoles, abril 26, 2017

NOTICIA 1699ª DESDE EL BAR: LITERARIO EL CERTAMEN

De todos los actos posibles de este mes de abril dedicado a las Letras uno se decantó el pasado día 19 por ser espectador del encuentro poético del Corral de Comedias que organizaba el poeta Martínez Morán con las poesías y presencia de la joven Ángela Álvarez Sáez y del veterano Javier Lostalé, acompañados muy acertadamente por la violinista Sandra Sardi (con quien yo mismo años atrás hice algo de literatura recitada junto a El Artista del Hambre en Guadalajara) y Marco Antonio Moreno con la flauta y con instrumentos más exóticos. También había una actriz, Marta Gutiérrez-Abad, que interpretó corporalmente muy bien y recitó... bueno, como casi todos los metidos a actuar interpretan los poemas, cosa de la que ya hablé en el pasado, el año pasado, precisamente, y a ello remito. Algunas partes las recitó la voz de la directora de la puesta en escena. El día 20 me decidí por ser espectador, y al final me animé a recitar al final de acto en el encuentro de poetas que organiza la poetisa Cristina Penalva todos los días 20 a las 20:00 h. en el bar La Oveja Negra. Un pequeño acto íntimo, por el número de asistentes, y anónimo en lo que a mi participación respecta a voluntad propia, en un día que rebosaba de actos literarios por toda Alcalá de Henares, algunos de mucho postín. Los que estuvimos lo disfrutamos. Todo sea que posteriormente invité a unas amistades editoras a tomar algo con aquello de estar a horas de mi cumpleaños. Como sea, no es que no me hubiera interesado asistir a ningún otro acto, aunque algunos me parecían impostados. Seguí, como cada año, la entrega del Premio Cervantes por la televisión, este año a Eduardo Mendoza, y hubiera sigo interesante escucharle en otros ámbitos lo que tuviera que decir. 

Pero de todo este mes quizá mi participación sí planeada en uno de estos actos no era en Alcalá de Henares. Cada cierto tiempo me da por participar de concursos literarios. A pesar de tener un gran éxito de lectores y de gustar bastante mis libros o mis recitales y otras cuestiones de mi literatura, hasta el momento en ascenso constante, no gano premios literarios desde mis años universitarios. En algún caso he conocido con posterioridad a alguno de los que fueron jueces en alguno de los concursos, y algunos casos me supe a las puertas y me supe rechazado porque a veces hay quien ha de ser honesto consigo mismo a la hora de juzgar y no seguidista de lo que creen que se quiere que se juzgue. Allá cada cual. Cuando he perdido siendo los jueces sinceros con ellos mismos me ha parecido justo. Y cuando no... sólo comentar aquel premio donde el que ganó, ganó por cuestiones más políticas que literarias. Y no menciono mucho más. 

Mi mayor premio es compartir mis escritos y ver que estos son aceptados y gustan. Es hacer disfrutar o sentir al lector. Lector que vuelve, lector que me premia. Y escribo no por ser premiado, pero es hipócrita quien diga, presentándose a concursos, que no le gusta ser premiado. Una cosa es que te guste, otra escribir para ser premiado, pues sí, hay quien escribe como "profesional de los concursos", hay quien trata de "vivir" de ello de concurso en concurso. Escribo, yo, para crear historias y para expresarme conmigo mismo, a la par que deseo compartirlo. Es bello compartir emociones, reflexiones o aventuras imaginadas, hacer viajar por los mundos imaginarios al otro, aquellos mundos que tú has creado porque deseaban viajar por ellos. Hubo unos años no muy lejanos que no escribía ya para concursos, pero el año pasado lo volví a intentar, básicamente porque necesitaba dinero y no había manera de conseguir un trabajo. No gané. Este año, por la misma causa y por el afán de ver si algún jurado me reconocía el mérito que ya me reconoce quien a mí se cerca a leerme, me decidí a participar en dos concursos de municipios de la Comunidad de Madrid que no eran Alcalá de Henares, ciudad mía donde las instituciones tienen la bendita costumbre de no reconocerme, no contar conmigo, no anunciarme cuando alguna vez me presenté voluntario a ellos. Amo una ciudad que me ama-desama, según de qué ciudad de Alcalá de Henares hablemos. Ya sé que estoy escribiendo un poco como Max Aub (bendito recordado del Instituto Cervantes antes los desagravios de Madrid ciudad con él en estos días). También para Alcalá mandé a concurso un poema, se resolverá eso en mayo, pero cometí el error de no mirar las nuevas trifas postales y no sé si por unos céntimos el servicio de Correos se apiadó de mí y entregó mi obra. Váyase a saber si estoy o no participando. Cuando pase Mayo se sabrá, para bien o para mal, pues incluso no ganando ya daría igual si les llegó o no llegó. 

En general de los concursos literarios, de los grandes concursos literarios, habló mucho la revista Babelia, en el reportaje ¿A quién sirven los premios literarios?,  buscando allí el lado oscuro de ellos. Hace ya muchos años que se habla de premios dados de antemanos a determinados autores y de editoriales que presionan para que ganen autores que al publicarlos les garanticen ventas, o sea: que sean famosos, independientemente de la calidad de su nueva obra. Yo cuando trabajé de archivero con los fondos de la agencia Carmen Balcells en el Archivo General de la Administración, leí unas cuantas cartas y documentos respecto a todo esto, porque mi profesión me obligaba a leer todo aquello para poder archivarlo correctamente, y puedo decir mucho y muy determinante, pero me voy a abstener por esta vía, aunque estando en un archivo son documentos que van a hacerse públicos en cuanto ya estén perfectamente catalogados. No van desacertadas algunas de las opiniones de los autores que hablaban en el reportaje de Babelia, mientras otras de ese mismo reportaje juegan a parecer acertadas o mejor dicho, ciertas. No deja de tener significancia lo que Aparicio Maydeu dijo en aquel reportaje del sábado 11 de febrero de este año, que aquellos que persisten en participar en concursos literarios sin ganar y más bien soliendo perder dinero en impresiones y envíos, tal vez viajes, con el panorama actual de los grandes concursos literarios lo hacen por un 20% de ingenuidad y un 80% de ego. Como sea, los autores que allí participan dicen que el Premio Anagrama es el más fiable. Bueno, ellos sabrán.

Los pequeños concursos literarios, los modestos, aparentemente son también otra cosa. Aunque es cierto que incluso en estos, si hay alguna escuela literaria en el municipio, o barriada, o si los partícipes se repiten cada año y ya se conocen sus propios estilos, o si alguien no ha sido "elegante" a la hora de guardar el secreto del nombre del autor en sobre cerrado, también se pueden trucar. Al margen de trucos o no trucos, una de las cosas legítimas que hacen muchos concursos literarios es entregar las obras candidatas a unos lectores que previamente hacen una selección según sus gustos y luego entregan esta selección a los que realmente serán el jurado del certamen, dando por caso que los jurados en realidad no leen todas las obras. No lo hacen todos los concursos literarios, pero no es una práctica inexistente ni poco común, sobre todo si el número de obras es elevado. No se tiene porqué especificar en las bases, ni siquiera si el jurado decide hacer una primeraa criba leyendo sólo los primeros párrafos.

No me gusta tampoco cuando en los concursos pesan razones políticas o editoriales, y no literarias. O cuando se valora por cuantía económica más a la prosa y menos a la poesía, como si hacer poesía fuera algo fácil y menor, o como si la poesía no se merecíera una atención en importancia como la prosa. Aún menos me gusta cuando el concurso lo crea una editorial para publicar un libro donde todos son publicados, con la idea de que que todos compren el libro, y estos concursos también existen. Es un engaño, aunque no hacen nada ilegal.

Vengo hoy de la entrega de premios del XXXIII Certamen Literario Manuel Vázquez Montalbán, que celebra cada año la cercana población de San Fernando de Henares. Como se ve estos daban tres premios a prosa (dos a relato corto y uno a literatura express) y uno único a poesía. La cuantía del premio no era mucha, pero el certamen me parecía interesante, sobre todo teniendo tantas ediciones a cuestas. No gané, yo sólo participé en poesía, eso de entrada. Ganó en express un hombre que estuvo varios años en un taller de escritura, en finalista de relato un chico que escribe guiones publicitarios y suele presentarse y ganar concursos literarios, el premio ganador de relato un profesor de instituto joven que no suele escribir, según él, y en poesía una chica que suele presentarse y ganar todo lo que puede de certámenes literarios. Lo cierto es que de la chica sólo lo sabemos porque lo dijo el finalista de relato. Dió tantos detalles de ella que casi parecía que fuera en realidad él, pero no podía acumular premios, según las bases del certamen. No sería raro que algo así ocurra. Yo nunca lo he hecho, ni deseo, pero sí he conocido a lo largo de mi vida gente que se ha presentado en concursos en los que no se puede presentar varias obras por estar así establecido en las normas como si fuera otra persona y apañarlo con un amigo o amiga si gana. Bueno, puede que el chico nos estuviera diciendo la verdad, que se conozcan y que ella no pudo venir porque tal vez no recibió el correo donde le dijeron que era ganadora. Lo cierto es que si lo hubiera recibido y aún así no hubiera querido ir, es un poco fastidioso para el resto de participantes, aunque sea algo, el premio, que probablemente sea merecido y sin tacha. Al no ir, pierde el premio, pero este no pasa a nadie, queda desierto. Bueno, una lástima que esta chica no pudiera ir. Me hubiera gustado escuchar el poema, ya que yo participé con poesía esta vez. Yo sabía que no gané, porque no me avisaron de ello, pero fui a la entrega de premios precisamente para escuchar a los ganadores, especialmente el poema ganador. No por otra cosa que porque me gusta conocer otras voces. Por eso mismo suelo ir a recitales que no son míos. Tengo mis inquietudes y curiosidades.

En este certamen, cuyo acto se celebró en la biblioteca municipal, única que tienen, no había periodistas locales, ni las políticas vestían de gala, ni usaron discursos de autopromoción. Eso me gustó mucho. La sinceridad y la cercanía. Habló un bibliotecario (que fue secretario del jurado), Catalina Rodríguez (alcaldesa por San Fernando de Henares Sí Puede, donde está Podemos, creo que fue jurado del concurso, pero no estoy seguro) y Donata Galán (concejala de Cultura, del mismo partido que la alcaldesa y jurado en este concurso). Estaban también los otros miembros del jurado del concurso, que eran el director de la biblioteca municipal, llamada Rafael Alberti, el ganador de relato del año anterior y un profesor de instituto de secundaria del municipio. Me gustó la franqueza de la alcaldesa al reconocerse lectora, pero al declararse no entendida en el Arte, no creadora de Arte, por lo que admiradora de quienes creábamos Arte, como es la Literatura. Sabía, eso sí, lo que le gustaba y lo que no. Esa franqueza no la suelo yo escuchar en Alcalá de Henares y otros municipios. Y es algo de agradecer que se sea sincero. No pasa nada, sobre todo porque la gran mayoría somos así con unas y otras cosas. Además eran muy cercanas a la gente y les preocupaba más compartir y conocer lo que los presentes podíamos decir, que crear un discurso pomposo. Eso es hacer ciudadanía, y eso lo echo en falta en Alcalá de Henares, en sus actos oficiales, como lo era este mismo.

De los ganadores sólo diré que la obra del relato express a mí no me pareció un relato, me pareció una reflexión emocional, aunque el jurado dijo que ganó por unanimidad. Habría que ver cómo era el resto, pero en principio a mí aquello me pareció un conjunto de aforismos, de reflexiones construidas a partir de un patrón muy propio de lo que él mismo declaró: un taller de escritura. Bueno, mejor para él si tanto ha logrado transmitir a tanta gente. Del finalista del relato diré que los primeros párrafos que nos leyó (no más) me parecía mucha acción muy bien ligada entre sí, excesivamente puesta en escena tan pronto, pero sin mostrar en principio cualidades técnicas literarias como para ser finalista. Es cierto que habría que leer el relato entero. En principio a mí me parece que es una historia bien construida en cuanto a hilvanar bien la acción, pero falta de recursos. Atrae, lo que es propio de un guión, y no hay que olvidar que él mismo es guionista. Del ganador del relato pues hay que reconocer que tenía un manejo del idioma, del léxico, de las sintaxis, muy rico, erudito y a la vez claro. Tenía un sentido novelesco. Al menos en los primeros párrafos este autor merecía la pena, pero hay un "pero". Su relato era de ficción histórica, ambientada en la América española colonial, con los monjes que defendieron a los indios. Como historiador diré que estaba llena de tópicos, lugares comunes, imágenes un tanto infantiles pero con palabras adultas, por lo que daban el pego, y que para un lector no muy conocedor de la Historia pero que le convezca lo verosimil, le podría valer. Técnicamente es muy bueno, pero en el contenido tal vez está muy imbuido de ideas poco profundizadas en la Historia, a pesar de ser, o quizá por ser, profesor. Y en cuanto a la poesía no puedo decir nada. No vino la ganadora. Como sea, felicito a los ganadores y que sigan por estos caminos. A ver si nos seguimos viendo y algún día podemos participar de algún proyecto común, porque las ganas de escribir y de compartir es lo que más cuenta en todo esto.

Participaron ciento seis personas, u obras, y un asistente preguntó si podían hablar de alguna de las obras no ganadoras del premio. Ninguna de las personas del jurado pudo decir nada. Decían no acordarse. Ahí sí noté algo extraño, porque pareciera que no hubieran leído todas, si no una selección. Si yo leo textos en treinta días, por muchos que sean, recuerdo aquellos que se han significado más en mi mente porque me hayan gustado o disgustado o me hayan hecho reflexionar sobre algo. Me resulta increíble que de ciento seis obras ninguno de los cinco miembros del jurado (o seis si la alcaldesa también lo fue) recuerde ninguna ni pueda hablar de ninguna otra que no sea alguna de las cuatro ganadoras. Eso sí me pareció muy raro y hasta cierto punto increíble, aunque no imposible. Además, las personas que más leen, son las personas que más recuerdos retienen, eso es un hecho psicológico comprobado desde hace más de un siglo. Pudiera ser que se hayan juntado cinco amnésicos, o que tal vez se las leyeron demasiado rápido o demasiado sin la atención debida. Eso podría explicar algo este suceso. No sé. Siendo buenos habrá que creer en principio que se leyeron todo, como ellos afirmaron al responder, y que no se acuerdan de nada.

Y supongo que esto es todo lo que tengo que decir por hoy. Me imbuyo en estudiar la oposición a archivero, aunque en mi casa el ambiente no suele ser propicio para estudiar al tener que atender yo las tareas personales de mi madre, las de mi tío y las mías propias prácticamente todos los días. A veces empezar a estudiar y que te pidan tal o cual asunto evita que te puedas volver a centrar. Pero también es cierto que pienso que hace unos años estaba con la teoría más fresca en la cabeza, aunque actualmente en la práctica, por haber ejercido, me siento mucho más que fuerte. Tal vez esto esté abocado a otra puerta cerrada. Ya se verá. Necesito fortalecer la teoría y se hace difícil estudiarla. Por otra parte y de otro asunto, pienso que sería interesante, después de tanto tiempo, montar alguna iniciativa literaria nueva que poder compartiros, pero esto, si se produce, ya se verá. Saludos y que la cerveza os acompañe.

domingo, abril 23, 2017

NOTICIA 1698ª DESDE EL BAR: LA GUARDIA



Tras mi 38º cumpleaños el pasado día 21, a petición de algunos de los lectores a través de una red social, os escribo un relato:

LA GUARDIA

La vía estaba llena de cruces donde colgaban los cuerpos a esas horas ya exhaustos. Estaban clavados y atados de pies y manos. Les habían colocado a la vista de los viandantes, lejos de la sombra de los árboles. Llevaban horas expuestos a la insolación con sus heridas abiertas atravesadas de clavos. Los guardias habían recibido la orden de permitir que les acercaran un solo cazo para beber, antes del mediodía, pero el sol ya estaba bajando en la tarde. Aquel cazo llevaba vinagre. No habían comido nada desde el día anterior al cumplimiento de la condena. Sólo uno de ellos tuvo suerte de morir horas antes. El verdugo que le clavó equivocó el lugar del golpe entre los huesos de su muñeca y le había seccionado la arteria. Se desangró rápido, a pesar de que duró unas horas, al menos la pérdida de sangre permitió que entrara en un sueño que le hizo olvidar el dolor. Se podía tardar varios días en morir, expuestos además al dolor de huesos astillados y hemorragias internas, pues para evitar que pudieran ser desclavados por amigos o familiares les habían roto a mazazos a unos las rodillas y a otros los tobillos. Hubieran necesitado llevarles a cuestas, les hubiera dificultado tanto tal intento de liberación que los guardias lo hubieran tenido fácil para matarles a espadazos. Uno de ellos era un violador. Dos habían participado de un asesinato. Otros dos de un robo. Cinco habían asaltado a una patrulla romana sin gran éxito. El cuarto contando por la izquierda había ayudado al esclavo de un hombre influyente para que buscase su libertad, de la que ahora estaría gozando rumbo a algún puerto o playa del sur del mar. Uno de ellos había recibido pedradas mientras portaba su cruz a aquel lugar donde se les colgó a ojos de los viandantes. También había sido escupido. Seis tenían preparada una sepultura que sufragarían sus familiares o amigos si aquello fuera posible. Cinco contaban en su condena con la quema de sus cuerpos y el aireamiento de sus cenizas. Pero para eso, habían de esperar la muerte. El que murió, que había sido el apedreado, que había sido el violador, podría haber sido ya descolgado, pero el gobernador deseaba que ese cuerpo en concreto se amoratase y pudriera antes allí arriba, aunque no tanto que infectara el aire trayendo alguna plaga. Por la noche, sin que se percataran los guardias, un zorro sería lo suficientemente atrevido como para encontrar algo de carne mordiendo sus pies.

La noche era fresca y apenas les quedaba ganas ya para gemir. Los guardias se habían alejado un poco para calentarse en una pequeña fogata y la ayuda de unos mantos. A lo lejos se veía encendida la luz de alguna de las casas de la ciudad. Era una noche rutinaria de guardia. Nadie iba a venir a por aquellos infelices a los que sólo la muerte les reclamaba ya. Tampoco era momento ya para que alguien continuara su camino por aquella vía si es que alguien estaba de camino por esa vía. Por eso fue extraño cuando Cayo creyó oír la voz de alguien llamándole al otro lado de la hilera de pinos bajo cuya sombra habían comido al mediodía. Su compañero dijo no haber escuchado nada. La voz estaba allí junto a un extraño sonido musical cuyo instrumento no reconocía. Cayo se levantó sin que le siguiera su compañero. Bajó el pequeño desnivel de tierra que llevaba a los pinos. Allí no se veía a nadie, y sin embargo volvió a escuchar la voz. La había oído ya tres veces. El romano dio un par de pasos cautamente tratando de agudizar su visión a través de la noche.

–Romano –oyó–, soy tu escritor.

El soldado no entendió qué quería decir aquello, como tampoco vio a quien lo pronunció. Estaba tan confuso como intrigado. Seguía andando con sigilo, en una calma tensa que le llevaba a poner su mano sobre la empuñadura de su espada. Sin embargo, debía estar aburriéndose en aquella guardia de custodia de los condenados. Hubiera sido totalmente tedioso volver a decir quien era quien le hablaba. Directamente, mientras escuchaba un disco de música, sacó del escenario al romano y le sentó en las butacas de un cine. Hubiera sido extraño sentarle con sus ropas militares del siglo I antes de Cristo. Aunque la película estaba empezada, hubiera causado gran impacto entre los otros espectadores, tan del siglo XX, verle allí con aquellos atuendos. Le puso una camisa con estampados mientras le ponía a ver en las imágenes de la pantalla a sus propios custodiados crucificados. Su compañero seguía calentándose en la fogata dentro de aquella película. Pudiera ser divertido devolverle, como espectador, otra vez sus ropas de soldado romano. Por un minuto le dejó así en la butaca haciendo que el resto de espectadores lo tomaran por algo normal y corriente, tanto que no les llamara su atención. El romano no comprendía muy bien que eran todos aquellos hechos fantásticos. Paralizado trataba de encauzar mentalmente todos los sucesos. ¿Qué era aquel lugar y por que estaban atrapadas las personas con las que acababa de estar dentro de aquel extraño mural dotado de movimiento? ¿Cuál de los dioses y por qué decidió aquello?

–Cayo –volvió a oír–, ¿quieres verte en la pantalla?

Cayó volvió su cabeza rápidamente a sus lados para descubrir quien de aquellas personas había dicho aquello. Una hilera de butacas vacía le distanciaba de una pareja que observaban el mural como él y por detrás, pequeños grupos de personas haciendo lo mismo como si a nadie le importara los hechos maravillosos que allí estaban pasando. Por un instante vio su propia cara enorme y gigante mirándole de frente desde la pantalla, como un espejo, pero sin ser un reflejo, si no más bien haces de luz que no paraban de moverse al mismo ritmo y precisión que sus propios parpadeos humanos. Tal vez hubiera estado bien darle otro salto sin más. Hacerle aparecer sin más en la sala de partos donde un médico, tras lograr hacer nacer a un niño, sacase una pistola de su bolsillo y le disparase al niño en la cabeza. Él, un romano con sentido del deber, saltaría como un resorte sobre el depravado ser que hizo aquello para matarle con sus propias manos. Sin embargo, no se haría tal salto, aunque la idea de esos sucesos saltarían a la vez en la cabeza de Cayo mientras aún trataba de comprender porqué veía su cara en aquel muro. Sobresaltado al entender que alguien o algo pudiera mandarle a contemplar tal atrocidad contra un recién nacido, se levantó de súbito de su asiento y antes de que pudiera gritarle a aquel ser que trastocaba su espacio y tiempo apareció en mitad de un bosque con una trampa para osos atrapándole el pie por el tobillo. El dolor era insoportable. El hierro le había atravesado la carne y rozaba con el hueso. El soldado cayó a tierra gritando, pero de dolor. Sin entender porqué padecía aquello. Como era injusto, desapareció de allí, y se transformó en el simple recuerdo de alguien.

Desposeído de cuerpo y hasta de alma, habitaba como recuerdo en la mente de su madre. En sus últimos días ella perdía poco a poco estos recuerdos, aunque él siempre habitaba en ellos como un eterno niño al que se le negaba la existencia como soldado y se le borraba todo atisbo de haber existido alguna vez su propia realidad amando a su esposa o custodiando a los crucificados de la vía el día que oyó una voz entre los pinos que le dijo “romano, soy tu escritor”. Nada habría ocurrido en su vida, salvo lo que hubiera ocurrido de niño junto a su madre. Ni siquiera existía ya lo que él pensó o sintió, si no tan sólo lo que su madre anciana le otorgó pensar y sentir en su imaginación. El tiempo inexorable fue borrando incluso estos recuerdos, hasta que un día la inexistencia de la madre le borró de toda existencia posible. Sin noción de nada, siendo la misma nada, Cayó tuvo la extraña sensación de fortuna de interiorizar la nada absoluta que por unos segundo llegó a ser al volver a la vida de golpe con su cuerpo y alma, y sus propios recuerdos y los recuerdos de su madre, totalmente sano, aunque absorbido por una extraña luz que le levantó del suelo para ascenderle al interior de un extraño aparato volador donde unos seres que en nada se asemejaban a los dioses le observaron por unos momentos antes de que se desplazaran por el cielo y le dejaran frente a otros tres crucificados sobre un monte. Allí apareció entre el resto de soldados romanos. El condenado crucificado en el centro se encontraba muy magullado, lleno de azotes, con un lanzazo en el costado y una corona de espinas. Cruzaron sus miradas ambos antes de que Cayo volviera a desaparecer de aquel lugar para aparecer sentado en un diván mientras el bebé recién nacido de la anterior visión, perfectamente vivo, le preguntaba:

–¿Qué es la vida?

Cayó volvió a estar en la vía donde montaba guardia, aunque apareció en lo alto de una de las cruces. Veía desde allí a su compañero calentándose con la fogata. Le costaba respirar de puro cansancio. No podía mover apenas los dedos de su mano. Le subía un dolor profundo de sus rodillas rotas, aunque sentía haberlo padecido ya tantas horas seguidas que no tenía más ánimo de entregarse a él. Simplemente lo dejaba estar. Dejaba al dolor. Le hubiera gustado gritar a su compañero preguntándole qué hacía él allí colgado, buscando alguna ayuda. La extenuación no sólo no le dejó, si no que creyó que le hizo verse a sí mismo regresando de los pinos a la fogata. No era una visión como la de aquel lugar de las luces en la pared con su forma. Era él, o mejor dicho, no era él. No era él porque él estaba allí colgado en una cruz, con las piernas rotas y sus recuerdos, con sus vivencias y el aroma de su amante aún en su recuerdo. Era el otro quien se había quedado con su cuerpo, que era el que mantenía el aroma físico de su amante, aunque el recuerdo lo tuviera él y no el otro. Él era él, pero su cuerpo también fue él, aunque ahora no lo fuera, o ¿y si lo era?

De pronto, Cayo volvió a su cuerpo, junto a la fogata. No dijo nada a su compañero. La noche era fresca y tranquila y no parecía haber ocurrido nada. Los crucificados estaban allí colgados. Los miró de una manera que parecía serena y no lo era. Brevemente ascendió a él el aroma de su amante. Deseó estar con ella. Por un momento olvidó todo lo que acababa de ocurrir y recordó el amanecer a su lado, abrazados desnudos sobre un catre. Había olor a jazmines que entraba por la ventana de la casa. Respiraban ambos la paz del amor. En aquellos momentos sólo eso había importado. Hubieran podido vivir en aquel lugar de aquella manera eternamente, pero las personas necesitan para vivir cuestiones más prosaicas, como lo son beber, comer, cagar o mear. Necesitaban sus empleos y necesitaban cubrir otras muchísimas necesidades materiales o anímicas. Ella, que en esos momentos vivía en su recuerdo y percepción, vivía a la vez en una casa no muy grande a las afueras de la ciudad, con una pequeña entrada donde había plantado flores. Esperaba poder verle cuando fuera de día y él hubiera acabado su guardia.

Poco a poco el aroma se apoderó de todo su pensamiento. Todo quedó velado, como un sueño del que apenas se tiene un ligero recuerdo de haber vivido algo fantástico propio sólo de las fantasías de los sueños. Toda realidad vivida pasaba a otro plano diferente de realidad. El aroma era ahora la realidad, el aroma y la construcción de la realidad pasada y ya inexistente salvo en un recuerdo que lo trastocaba. La realidad era ahora el deseo del regreso de una sensación agradable. Deseo en busca de la construcción de la realidad.

Hay muertes que pueden ocupar el espacio de una vida entera. El romano prosiguió su guardia de manera rutinaria. No volvió a escuchar ninguna voz de entre los pinos, y sin embargo, algo existió.

Por Daniel L.-Serrano “Canichu”

23 de abril de 2017.


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