martes, octubre 25, 2011

NOTICIA 1001ª DESDE EL BAR: DELACROIX ESTÁ EN MADRID (gratis)

Se hubiese llamado De la Cruz si hubiera sido español, pero era francés y se llamó Delacroix. Sin embargo si que es verdad que en 1832, con 34 años de edad, siendo mundialmente conocido, viajó con una delegación diplomática francesa a Marruecos para conocer al sultán Abderramán e hizo escalas en España, exactamente en Algeciras, Cádiz y Sevilla, resultando de aquello que se transformó en uno de los primeros pintores franceses que conoció la obra de Francisco de Goya (ver Noticia 362ª, Noticia 363ª, Noticia 364ª, Noticia 365ª y Noticia 957ª). Había sido Goya el primer pintor que abiertamente había roto con el neoclasicismo y el rococó, aportando ya unas primeras pinturas que podrían clasificarse dentro del Romanticismo, o preludio del mismo, tanto en técnicas, como en temáticas, como en sensibilidad. "Todo Goya palpitaba a mi alrededor", le escribió Delacroix a Jean-Baptiste Pierret, amigo suyo. De él adoptó esas temáticas y técnicas romanticas, un ahondamiento muy definido entre los claros y los oscuros, y las pinceladas sueltas del posterior impresionismo. Aparte de toda una serie de obras de todo tipo con temática exótica del Norte de África.

No fue el único viaje que hizo fuera de Francia. Siguió con pasión por ejemplo los sucesos independentistas de Grecia respecto al Imperio Turco Otomano, donde varias de sus amistades fueron a combatir voluntariamente. Pintó de ello diversos cuadros, acuarelas y bocetos que le valieron un gran reconocimiento, ensalzando los valores humanos de la lucha por la libertad de los griegos, pero también de las tragedias humanas. Uno de esos cuadros era este retrato llamado "La Niña Huérfana en el Cementerio" (1824), que en cierto modo recuerda a la posterior "La Lechera de Burdeos" (1827), de Goya, aunque con otra expresividad y sentimientos pasando por su rostro y su ser.

Eugène Delacroix tuvo una vida muy plena y llena de experiencias de toda clase, no sólo por su gran cantidad de viajes y las numerosas personas de todas las ramas de las Artes que conoció. Nació en plena Revolución Francesa, en 1798, sólo que no de familia muy afortunada. Su familia era muy adinerada, pero debido a que su madre servía para el Rey Luis XVI, decapitado en 1793, intentaron salvar su fortuna con diversas inversiones que por resultado sólo dio la quiebra familiar. El padre de Delacroix era desde hacía unos años estéril por una enfermedad, y fue un amante de su madre, buscado a drede, quien le engendró. Pero la muerte de su padre "oficial" hizo que además su madre se fuera a vivir con una de sus hijas (hermana de Delacroix) para criarle conjuntamente con ella como madres... para rematar el asunto, cuando la madre real murió cuando él tenía 15 años (1814), su hermana se hizo cargo definitivo de él. Todos estos datos psicológicos de sus primeros años hicieron que la obsesión de Eugène Delacroix a lo largo de su vida fuese recuperar la fortuna familiar por sus propios medios, romper con los moldes sociales preestablecidos, y aparentar un porte y una forma de ser caballeroso.

Comenzó a pintar muy pronto en su vida, y también muy pronto en su vida se interesó por cuestiones de justicia social, no obstante el haber vivido su infancia y juventud durante el final de la Revolución Francesa y los años de Napoleón Bonaparte, esto se reflejó en sus ideales. Así por ejemplo, en los años vísperas de la revolución de 1830 que derrocaría a Carlos X, siendo el último Rey Borbón de Francia, él se trasladó a Bélgica y Holanda para conocer y estudiar la obra de los pintores de los Países Bajos de los siglos XVI y XVII, y allí ya estaba en marcha todo el proceso que desembocaría en los actos revolucionarios de toda Europa de 1830. Él llegaría a afirmar que no pudiendo haber defendido a Francia en la lucha, la defendió con la pintura. Por ello, uno de sus cuadros más célebres sería "La Libertad Guiando al Pueblo", que pintaría en ese mismo año y que sería comprado por la nueva Monarquía Constitucional de Luis Felipe I de Orleans en el año siguiente. Cuadro, por otra parte, que recuerda en sus formas a los de Goya respecto al alzamiento de los españoles contra los franceses en favor de su libertad contra el dominio de Napoleón Bonaparte. Aún viviría el autor otra etapa revolucionaria, la de 1848, pues moriría con 65 años en 1863, cuando era una persona altamente reconocida, galardonada, con muy diversos cargos dentro del mundo oficial de la pintura, y con la admiración de todos los pintores de su época, que le consideraron el gran innovador y creador del romanticismo, pese a que este movimiento no se debiera sólo a él, y precursor del impresionismo. Baudelaire llegaría a alabarle en "Las Flores del Mal", junto, una vez más, una ineludible conexión a Goya.


Viajes, revolución social, libertad, retratos, Goya y pintores de los Países Bajos, temas históricos, temas exóticos, animales que parecen expresarse como personas en sus gestos, el mar, la Historia... y también, entre sus temáticas, estaban las sacadas de los libros que leía de varios de sus amigos, e incluso de sus enemigos, aparte de los clásicos. Lo que me recuerda a alguien que poco después iba a aparecer en escena, el nunca bien valorado en España Ulpiano Checa, formado en París quizá viendo su obra, al menos la épica histórica y la sacada de obras de literatura. Hay numerosos cuadros de Historia (como "La Matanza de Quíos", 1824) y de esas obras literarias que actualmente forman parte de la cultura popular. Cuadros a veces sacados de aquellos conflictos de Grecia, o de novelas de Goethe, por ejemplo. Ahí tenemos por ejemplo "La Muerte de Sardanápalo" (1827), que lo pintó a raíz de una novela de Lord Byron de 1821, basada en la historia de la Edad Antigua donde un sátrapa persa, Sardánapalo, ordenó asesinar delante de él a todo su harén y a los sirvientes presentes. La imagen que os he puesto no es el definitivo, es un boceto en lienzo que contiene algunas variantes y que es el expuesto en Madrid estos días en una exposición que ahora os comento, porque de ella vengo de esta mañana. Y si os coloco este boceto en lienzo, y no cuadros más refinados y mejor acabados, más famosos, es porque contiene una bonita espalda femenina, pese a que la chica de esta espalda la están degollando... cosas de Delacroix. En fin, es que yo ya dije que de las zonas femeninas las espaldas son las que más me llaman la atención.



Otro cuadro de muestra de esa inspiración literaria es "El Naugrafio de Don Juan" (1840), sacado de otra obra de Lord Byron, creo, y si me equivoco será de Goethe, pero en todo caso lo podréis leer vosotros mismos en las cartelas informativos de la exposición citada de la que os voy a hablar ahora.

La cuestión es que esta mañana tenía una entrevista de trabajo en Madrid capital y ya que estaba allí aproveché para ir a la exposición de Eugène Delacroix que inauguró el pasado día 19 la sala de exposiciones Caixafórum, en el Paseo del Prado, nº 36. Es gratuita y estará visitable hasta el 15 de enero de 2012. Es algo único porque nunca se había reunido una exposición temporal tan completa del autor desde su centenario en 1963, en el Museo del Louvre, de París. Pero, aún más, muchos de sus cuadros nunca jamás habían salido de ese mismo museo hasta la fecha de hoy, que lo ha hecho con motivo de que en 2009 salió a la luz y se editó el diario personal del artista, donde se ha descubierto la gran influencia y admiración que le creó la obra de Goya, y que le produjo su contacto con España y sus artistas. De hecho la obra social de La Caixa no sólo ha logrado esta extraordinaria e inédita colaboración con el museo francés, sino que además ha organizado un ciclo de conferencias y conciertos de música romántica (Chopin tenía relaciones amistosas con Delacroix y algo compuso por él), que se puede consultar en su página oficial y que resultan muy estimulantes por varios motivos.

Hay obras muy famosas, suman más de cien, tanto cedidas temporalmente por el citado Museo del Louvre, como otras cedidas por el Museo de Bellas Artes, de Burdeos, el National Gallery, de Londres, el Metropolitan Museum of Art, de New York, o el Art institute, de Chicago. Aún más, el comisario de exposición y conservador jefe es Sébastien Allard, que a la vez ocupa cargos en el Departamento de Pintura del Museo del Louvre, de donde vienen casi todas las obras.



Pues esta mañana me fui a hacer una entrevista de trabajo, como dije, y aproveché el viaje a Madrid capital para ver esta exposición, y otra más sobre Teotihuacán de la que ya hablaré en otra entrada de esta bitácora. Lo cierto es que parte de las obras más famosas de la exposición de más de cien cuadros de Delacroix en Madrid podéis verlos (apenas siete) con una buena explicación de cuáles son los motivos de su creación en Semblanzas de Delacroix. Siempre es mejor verlo en persona, más si no has tenido ni parezca vayas a tener oportunidad de viajar a París... y aunque viajéis allí, hasta mediados de enero están en Madrid... Es un autor que siempre me llamó la atención en los libros donde me lo encontraba, sobre todo ese cuadro inicial que os he puesto de la huérfana en el cementerio, y algunos otros de ciertos naufragios y sobre Grecia. Tenía muchas ganas. Tras la entrevista de trabajo un excompañero de otro archivo, que tambén hizo la entrevista, me dijo que él estuvo el fin de semana y prácticamente no pudo ver nada de la cantidad de personas que había. Hoy, siendo martes por la mañana, había menos gente... pero mucha aún con todo. Vi la exposición acompañado de dos excursiones de colegiales incorregibles, obligados a estar allí y de los que dudo que la mayoría saque algo de provecho de la visita salvo el día sin lecciones en el aula, y de una excursión aún peor: una de la tercera edad que en realidad se han apuntado para pasar el día y, suele ser así, a ver si ligan entre ellos en esos breves amoríos de ancianidad. Insoportable ver como colapsan todos los cuadros mientras que un guía trata de decirles qué están viendo soportando como ellos hablan entre ellos de sus cosas de la vida cotidiana... como si pensaran que Delacroix bien está en la tumba y que les dejen en paz a ellos. En fin, también había otro tipo de aglomeración de gente, el de las extranjeras, mayoritariamente francesas. Así que en lugar de llevar una ruta lógica, vi todos los cuadros saltando de una sala a otra aprovechando los vacíos de gente que cada un tiempo dejaban estos grupos atascados en otros cuadros. Pero logré verlo todo... y cuando no pude valorar los cuadros como quise por el cúmulo de gente bien valía observar otras obras de arte, la que la Naturaleza hizo en alguna de las francesas que me impedía ver el cuadro en cuestión hasta que no se fuesen.

Pero merecía la pena. Delacroix merece la pena. Quizá también porque los cuadros del siglo XIX me suelen resultar interesante, y extrañamente cercanos.

Para poder salir de la sala me vi atascado en la puerta en medio de un grupo de estudiantes de bachillerato que, preguntados por una guía, contestaron que un romántico era un pesado, baboso, asfixiante y aburrido... La guía, muy asertiva, le dijo que en realidad era algo muy semejante a lo que ellos llamarían un gótico. Qué cruz de educación actual... de falta de conocimientos, y sobre todo de comprensión y de apertura de mente a lo que uno mismo no es. La cosa es que al menos pude estar delante de uno de los autorretratos de Delacroix que más me gustán, el que realizó con un gabán verde cuando ya era bastante adulto. Delacroix se hizo muchos autorretratos a lo largo de toda su vida. Y ese autorretrato tiene su historia. Uno de los autorretratos de su juventud fue en esa misma pose, como podéis ver en esta bitácora. Pero según avanzó en edad y envejeció, tuvo una grave enfermedad degenerativa que le marcó la cara de modo muy feo. Un amigo suyo fotógrafo le pidió inmortalizarle con una serie de fotografías, que se pueden ver aquí también. Y en concreto la que está en sepia, que es donde se ve los estragos de esa enfermedad de mejor manera, no le gustó nada al pintor. Siendo ya muy famoso, y teniendo en cuenta su afán de mantener una apariencia, un personaje para la Historia, le pidió a su amigo que destruyera las fotografías y no las mostrara. Pero no lo hizo, las hizo públicas cuando murió. Delacroix, entre tanto, preocupado con la imagen con la que le iban a recordar, sabiendo que el Louvre ponía los retratos de sus autores, pintó un autorretrato con una edad aparentemente más joven y con la piel bien, copiando aquel otro de juventud. En su testamento pidió que fuera esa imagen con la que se le recordara, desde entonces los responsables de su obra respetan su voluntad, incluso 148 años después de su fallecimiento.

Os recomiendo de verdad que vayáis a verlo. Merece la pena y es algo único e histórico, es histórico en el mundo del Arte que sea la primera vez que salen determinados cuadros de su museo original.

Sin más, que la cerveza os acompañe, y os recuerdo que con motivo de la entrada 1.000 de este blog os he propuesto terminar un relato que os propuse, con fecha de entrega tope en este domingo que viene. Si os animáis aquí tenéis ese comienzo de relato y las normas para entregar su final. Saludos a todos.

P.D.: cinco horas después de publicar esto sé que el naufragio de Don Juan es una escena de Don Juan escrito por lord Byron como obra inacabada y póstuma en 1824.

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