viernes, junio 23, 2017

NOTICIA 1715ª DESDE EL BAR: VILLAFELIZ O EL PARAÍSO PERDIDO, UN PRELUDIO DE DISTOPÍA EN 1910 (3 de 3, final)

 Llegamos a la tercera y última entrega sobre el preludio de distopía que escribió Francisco García Cuevas en Alcalá de Henares, en 1910, antes de que el género quedar definitivamente inventado y fijado por Zamiatin en 1920. García Cuevas tiene mucho del regenaracionismo de su época, reminiscencias de los artículos de costumbres de Mariano José de Larra, de insulto político y de extremismo católico mezclado con extremismo de ideologías de derechas monárquicas. En todo caso, como se ha dicho y se dirá, al escribir un mundo caótico por haber triunfado en un pueblo las ideas republicanas, socialistas y feministas de la época, contiene en su sátira e insulto un cierto aire de distopía que no llega a serlo, pues no parte de un mundo ideal degenerado, si no de una crítica feroz contra las ideas del adversario político. En todo caso, antes de poneros el deselance, os anoto las referencias bibliográficas donde podréis encontrarlo o citarlo:

Para la investigación sobre los corregidores alcalaínos en el siglo XVIII que reproduje en la Noticia 1712ª, su referencia bibliográfica es: Varios autores, Libro de Actas del XV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, 2016, ed. Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares-Guadalajara, 2016. Y en concreto mi investigación es: Daniel López-Serrano Páez, "Los corregidores de Alcalá de Henares en el siglo XVIII", pp. 153-160. 

Igualmente, para la investigación que nos ocupa sobre un preludio de distopía en Alcalá de Henares, que se puede leer en esta bitácora en la Noticia 1713ª, en Noticia 1714ª y en el desenlace en esta Noticia 1715ª, su referencia bibliográfica es también: Varios autores, Libro de Actas del XV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, 2016, ed. Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares-Guadalajara, 2016. Y en concreto mi investigación es: Daniel López-Serrano Páez, "Villafeliz o el paraíso perdido, un preludio de distopía en 1910", pp. 269-283.

Sin más, os dejo con el final de esta investigación.

VILLAFELIZ O EL PARAÍSO PERDIDO, UN PRELUDIO DE DISTOPÍA EN 1910 (parte 3 de 3, final)
Daniel López-Serrano Páez
Licenciado en Historia
17 de febrero de 2016



FRANCISCO GARCÍA CUEVAS, “EL AMIGO DEL PUEBLO”.

La imprenta de El Amigo del Pueblo donde se imprimió Villafeliz o el paraíso perdido, mencionada en el comienzo de este ensayo, era la imprenta del periódico complutense de mismo nombre. El lugar donde se ubicaba era el mismo número 37 de la Plaza de Cervantes de Alcalá de Henares donde se indicaba que se vendía la novela, esto es el comercio La Bola de Oro. Su inicio fue en junio de 1905, publicó semanalmente un ejemplar hasta editar doscientos cincuenta y finalizar su existencia en 1909 [22], justo el año en el que García Cuevas inicia la escritura de su libro, al menos en una primera etapa, pues el periódico perduró hasta casi la guerra civil [23]. Este periódico seguía la vía abierta por el canónigo doctoral de la Iglesia Magistral Victor Marín, nombrado en 1902, quien junto al felipense Francisco María Arabio Urrutia, habían hablado de la necesidad de contrarrestar el avance de las ideas republicanas y socialistas entre los alcalaínos. El director del periódico fue el propio Francisco García Cuevas, y al morir él en 1913 le sucedió Félix Yuste. El periódico se creó explícitamente para la defensa de la moral y el ideal católico, enseñar a los patronos y obreros con el catecismo sus deberes y derechos recíprocos siguiendo sólo los preceptos cristianos y dando preferencia a las noticias locales de Alcalá [24]. El periódico pertenecía a la Asociación de la Buena Prensa, surgida en Sevilla en 1899 precisamente con las mismas finalidades católicas para contrarrestar a las ideas que el liberalismo y el socialismo abrían en las mentes de los trabajadores. Con este objeto la suscripción trimestral era de una peseta, aunque para los trabajadores asalariados era de veinte céntimos al mes, lo que facilitaba la adquisición por parte de las personas más humildes de la sociedad.

El periódico a la vez fue usado como respuesta contra otros periódicos como El Liberal, republicano y anticlerical, o El Motín, anticlerical, ambos mencionados en la novela como periódicos que leían los habitantes de Villafeliz.

En 1906 había informado profusamente sobre el atentado de la Calle Mayor de Madrid, aquel en el que el anarquista Mateo Morral lanzó una bomba contra el rey Alfonso XIII y su esposa, errando su objetivo pero matando igualmente a varias personas. El Amigo del Pueblo hizo una campaña extensa sobre el anarquismo como secta criminal y dando veracidad a algunas informaciones policiales que no eran exactamente ciertas. Aunque periódicos como El Motín, cercano a los librepensadores y libertarios, condenaron el atentado, El Amigo del Pueblo midió a todos por la misma medida de asesinos. Más aún, se apuntó a la teoría conservadora que incriminaba la enseñanza laica de Ferrer Guardia, anarquista también, pese a que este era inocente. Fue fusilado a pesar de que internacionalmente se denunció su utilización política en el caso. Es precisamente este tipo de acciones los que García Cuevas generaliza en su novela como forma normal de actuar de aquellos que tienen ideas socialistas, no faltando un episodio donde se produce un atentado con bomba contra el ayuntamiento de Villafeliz durante una huelga a la que la prensa que el autor critica, escribe él con sorna, la llaman pacífica.

También la manifestación pública y la resistencia a leyes injustas le producen rechazo al periódico, se escribió en 1909 muy profusamente contra los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona, sin dar nunca ninguna razón explicativa de porqué la sociedad catalana estaba en la calles, o sea: por negarse a participar de la Guerra del Rif, principalmente. Igualmente denunció todo acto violento o anticlerical de los barceloneses, a pesar de que algunos de esos actos eran de resistencia y defensa, pero aplaudió y calló la dura represión del ejército contra ciudadanos muy inferiormente armados o directamente desarmados. Del mismo modo que no criticó las duras represalias posteriores a los sucesos. Como sea, estos episodios sin duda debieron servirle de referente también para su novela de Villafeliz y los disturbios que describe en ella, ya que además la escribió en el mismo año de aquellos hechos.

En este sentido, incluso los mítines liberales y republicanos le resulta denunciable, de hecho en 1907 llega a escribir contra un mitin que considera anticlerical y donde habían participado varias personalidades del republicanismo. También los mítines especialmente anticlericales serán duramente criticados con sarcasmo en la novela. Dibuja a los personajes como personas sin ideas claras del significado de la Iglesia y la religión, sin querer reflexionar autocráticamente nunca con el papel de la Iglesia como poder terrenal en la vida de las personas, especialmente en la de los trabajadores, ni tampoco sin tratar de comprender ni de refutar las ideas de aquellos que no tenían creencias religiosas. 

Si bien la educación ya se ha mencionado que fue duramente criticada con motivo del atentado de la Calle Mayor en 1906, en 1908, con un artículo titulado “Una escuela sin Dios”, comenzó una campaña contra la escuela El Porvenir de la Infancia, situada en la calle Escritorios. Se trataba de una escuela privada de carácter laico que ofrecía la posibilidad optativa de estudiar la asignatura de religión a petición de los padres, e incluso de estudiar religiones diferentes a la católica, si bien no exactamente del todo desde el catecismo, sino la religión en sí. Todo ello estaba cercano a las ideas de la Institución Libre de Enseñanza. Cumplía con las leyes educativas aprobadas por Alfonso XIII. El dueño de la escuela, Francisco Pardinas, llegó a contestar por carta al periódico, la cual fue publicada, pero eso no evitó que le acusarán permanentemente de sectario peligroso que manipulaba a los niños, ateo, seguidor de ideas filosóficas peligrosas y demás calificativos [25]. Estas acusaciones persiguieron a dicho director de la escuela muchas décadas, incluso después de muerto García Cuevas en 1913, pues Francisco Pardinas fue perseguido y represaliado, impidiéndole desempeñar su oficio de maestro y prácticamente muerto en la pobreza extrema tras la guerra civil y la entrada de las tropas de Franco en Alcalá en 1939. Evitó cosas peores contra su persona al contar con un hijo de Falange [26]. No es de extrañar que uno de los personajes de Villafeliz señalado como el más pernicioso de todos los que leían la prensa liberal y socialista fuese el maestro del pueblo. No obstante, en el imaginario general de la sociedad conservadora de la primera mitad del siglo XX español esto debió ser un tópico creído a pies juntillas, pues en las leyes de depuración de la enseñanza que el franquismo comenzó a elaborar en la guerra civil se señalaba a los maestros como principales culpables de la guerra por enseñar ideas ateas, disolventes, extranjeras, socialistas, etcétera, un etcétera tan laxo que hasta enseñar la teoría científica de la evolución de las especies vivas se consideraba un atropello contra la idea religiosa de la creación de Dios.

Como se ve, en la novela todo personaje que aparece y todo suceso que se narra no son gratuitos. Francisco García Cuevas estaba en contacto con todas las noticias al respecto que se daban en España y en Alcalá de Henares, donde además había un nutrido haber de asociaciones republicanas y obreras, ateneos obreros y tendría hasta una Casa del Pueblo que sería inaugurada por el PSOE local en 1911, con un discurso inaugural de un joven Manuel Azaña que por entonces hacía sus inicios como periodista liberal y republicano de la localidad. No es de extrañar que cuando llevó las cuartillas a la imprenta y los impresores las leyeran levantara rumores contra él incluso antes de publicar, como indicaba el epílogo que le dio en 1909 García Cuevas.

CONCLUSIONES

El género distópico fue asentado como tal como un género literario donde los mundos ideales utópicos se transformaban en contrarios a lo ideal si se trataban de llevar a cabo por métodos y medios que coartaban y limitaban las libertades de los individuos. Ese asentamiento se produce en 1920-1921 por un escritor ruso llamado Yevgueni Zamiatin. La ciencia ficción europea y las utopías europeas llevaban presentando ocasionalmente algunos rasgos que lo preludiaban desde las últimas décadas del siglo XIX, como puede ser en varias de las historias del británico H. G. Wells desde justo el final de aquel siglo. A pesar de que en España la ciencia ficción no era un género apreciado por las altas elites intelectuales, aquí hubo algunos acercamientos desde la década de 1880 en unos pocos relatos de Nilo María Fabra.  Esos relatos guardan algunas relaciones con la obra Villafeliz o el paraíso perdido, novela de corta difusión escrita en Alcalá de Henares por Francisco García Cuevas entre 1909 y 1910. Sólo tuvo una edición. Esa novela, sin llegar a ser exactamente una distopía, es uno de los preludios de la que será la primera distopía propiamente dicha, Nosotros.

Villafeliz o el paraíso perdido presenta como caos un pueblecito ficticio que aplica las políticas y formas sociales que defendían los partidarios del liberalismo, el republicanismo y el socialismo, así como del feminismo. Está inserta en la corriente sarcástica de crítica política y social que ya se lee en Mariano José de Larra en las primeras décadas del siglo XIX, pero sobre todo está inserta en el regeneracionismo político que despertó en España a raíz de los desastres bélicos de 1898. El autor le infunda sus ideas de catolicismo social, conservadurismo y monarquismo.

En la novela se puede rastrear una serie de críticas que podrían ocultar personajes y sucesos de la vida alcalaína y nacional. Francisco García Cuevas era un periodista que dirigía un semanario local llamado El Amigo del Pueblo. Desde sus páginas atacaba a toda la prensa e ideologías anticlericales, liberales, republicanas y socialistas, especialmente contrario al anarquismo. A través de sus artículos se pueden rastrear varios asuntos que son objeto de crítica en la novela a través de los sucesos ficticios de sus personajes. Estos asuntos son tales como el uso de la violencia en atentados como el de la Calle Mayor de Madrid en 1906, por Mateo Morral, la crítica feroz contra la enseñanza de las escuelas no acogidas al catecismo, ya fuese contra Ferrer Guardia en Barcelona o contra Francisco Pardinas en Alcalá de Henares, las huelgas de trabajadores, o los movimientos revolucionarios como los sucesos de la Semana Trágica en Barcelona en 1909.

El panorama político y social de Alcalá de Henares pudieron influenciar también en la inspiración del autor. El ascenso de los socialistas en la ciudad con un mayor número de asociaciones, publicaciones propias, centros de reunión, huelgas y hasta con un concejal en el ayuntamiento, hicieron que los católicos reaccionaran con la fundación del periódico mencionado, donde persiguen desde sus letras a todos los que les son contrarios, y con la fundación del Centro de Acción Social, posterior Mutual Obrera Complutense, posterior Mutual Complutense. En esas acciones del catolicismo social alcalaíno estaba activo Francisco García Cuevas, quien moriría en 1913.

Su obra, como preludio de novela distópica es muy cercana a la distopía. Sin duda, aunque la calidad literaria no alcance grandes dotes debido al obstinado lenguaje sarcástico e insultante hasta el punto de parecer un libro de apología del conservadurismo más que una novela, se podría considerar la primera aproximación seria a este género en España que contaría en el futuro del siglo XX no sólo a escritores como Yevgueni Zamiatin, sino también a nombres como Aldous Huxley, Karel Çapek, George Orwell, Ayn Rand, Ray Bradbury, William Golding, Phillip K. Dick o William Gibson, entre otros muchos.

[22] Julián VADILLO MUÑOZ, “Prensa y política. El caso de El Amigo del Pueblo de Alcalá de Henares”, en Libro de actas del IX encuentro de historiadores del Valle del Henares, Institución de Estudios Complutenses, Guadalajara, 2004, pp. 325-344.
[23] Op. cit. en nota 16, p. 171.
[24] Ídem.
[25] Para todas las referencias de noticias publicadas en El Amigo del Pueblo: op, cit. en nota 22; también en op. cit. nota 16.
[26] Daniel LÓPEZ-SERRANO PÁEZ, “La documentación y la Historia reciente: la depuración de maestros de Alcalá de Henares entre 1939 y 1941, un ejemplo práctico de la importancia del Archivo General de la Administración (AGA) para la memoria”, en La educación en España, educación y archivos. XI jornadas de Castilla-La Mancha sobre la investigación en archivos, Actas 2013, ed. Asociación de Amigos del Archivo Histórico-Provincial de Guadalajara, Guadalajara, 2015, pp. 495-520. Electrónicamente en: http://www.s354988462.mialojamiento.es/archivo-guadalajara/actas-XI-jornadas/?utm_source=hootsuite#495/z

miércoles, junio 21, 2017

NOTICIA 1714ª DESDE EL BAR: VILLAFELIZ O EL PARAÍSO PERDIDO, UN PRELUDIO DE DISTOPÍA EN 1910 (2 de 3)

En esta segunda entrega sobre la segunda investigación y comunicado que di en el encuentro de historiadores del Valle del Henares celebrado el año pasado, rememoraré que, a pesar de que el personaje histórico de Francisco García Cuevas está en las antípodas de mis propias ideas, dio nombre a uno de los personajes de una de mis novelas, la segunda que escribí, aún por editar, precisamente de una distopía donde cada personaje tiene nombre de utopistas, distopistas y filósofos, llamada Adversidad, y que como guiño a la primera distopía propiamente dicha, Nosotros, contiene adjunto un relato independiente que se llamó Ellos. Hoy analizamos la novela en sí y el contexto que la rodeó cuando fue escrita entre 1909 y 1910.

VILLAFELIZ O EL PARAÍSO PERDIDO, UN PRELUDIO DE DISTOPÍA EN 1910 (parte 2 de 3)
Daniel López-Serrano Páez
Licenciado en Historia
17 de febrero de 2016


VILLAFELIZ O EL PARAÍSO PERDIDO

La novela Villafeliz o el paraíso perdido de Francisco García Cuevas cuenta una historia en voz de un narrador supuesto testigo de unos acontecimientos en un pueblo pequeño de los Pirineos que vive apaciblemente sin grandes ambiciones sociales ni políticas, Villafeliz. Tal vida apacible gira en torno  a una economía familiar de pequeños huertos, una moral católica basada en la costumbre de acudir a misa principalmente y la delegación de los asuntos públicos en la figura del alcalde, el cual es el más acaudalado del pueblo, ejerce su cargo a lo largo de los años y de las elecciones, invariablemente, es conservador y mantiene contactos con los diputados provinciales de su partido, lo que podría llamarse, tal como en la novela se le llama, cacique, llamado el tío Veneno. Tal personaje mantiene el orden en ese pueblo, generalmente olvidado de la administración central, gracias a poder ignorar leyes liberales como por ejemplo la desamortización.

Esa supuesta paz de paraíso, pues a ese estado el narrador lo referirá como paraíso perdido varias veces según avancen los capítulos, se mantiene gracias al analfabetismo de las clases populares más humildes. Todo lo que han de saber estos es lo suficiente que el cura les pueda hacer saber con el catecismo, según el narrador, quien no para de contar la historia con numerosas valoraciones morales de orden conservador. Es así como desde la primera página se dice que hay un personaje, llamado  el tío Calzas-Caídas, el pregonero, que aprende a leer y encuentra sus lecturas en las publicaciones de un periódico liberal, El Liberal, que, según avance la novela, se irá transformando en otros periódicos de ideas socialistas, como El Motín. Él leerá sus noticias en el bar del pueblo, atrayendo a las ideas liberales y socialistas a quien le oye de entre la población más humilde. Se le suma el dueño de la taberna, su esposa (la Mellada), que representará a la corriente feminista de igualdad de sexos, el Curda (un borracho habitual que representará a los libertarios), y el maestro de la escuela infantil.

Los nombres de los personajes son de un sentido del humor basado en el insulto y en el simbolismo descriptivo de la personalidad que se trata de reflejar en la obra de cada personaje, el Curda, la Mellada, el Calzas-Caídas, el Tuerto, el Veneno, el Morrongo, etcétera. Se trata así de describir no sólo a cada personaje, sino también a una serie de tópicos despectivos que tradicionalmente las posturas políticas conservadoras suelen acarrear en contra de las posturas políticas progresistas y socialistas. Son sociológicamente puntos comunes del insulto político desde el siglo XIX que los más acérrimos seguidores de las posturas conservadora o de derechas relacionen a la población de izquierdas como borrachos, sucios, analfabetos, gente sin razón, confundidos, manipulados, charlatanes, mentirosos, la mujer de izquierda como mujer fea o como lesbiana, y el más instruido de ellos como el tuerto, pues como dice el refranero español: en el país de los ciegos, el tuerto es el rey.  Son tópicos del insulto político que a la vez forman sustratos de pensamiento sociológico. Igualmente existen en sentido contrario, mas esta novela esta escrita desde el antiliberalismo. Una novela que trata de crear una propaganda sobre lo nocivo de las ideas liberales, progresistas y socialistas, siendo curiosa, pero no sorprendente por cuantas veces se han oído a lo largo de las décadas, la especial virulencia contra la idea de la igualdad de derechos entre sexos. Aunque García Cuevas coincide con Nilo María Fabra en abordar su ideología contraria al liberalismo y al socialismo con sentido del humor, se diferencian en el lenguaje altamente agresivo e insultante que usa García Cuevas, así como en la defensa férrea que hace del catolicismo, en lo que no coincide con Nilo María Fabra a pesar de ser católico, ya que este otro autor separaba en sus ideas lo que debía ser Iglesia de Estado como ámbitos diferentes y con su propio espacio cada uno.

Los protagonistas son presentados como agricultores analfabetos que apenas saben hablar o leer. Abundan en ellos una gran cantidad de malas sintaxis y palabras mal pronunciadas, así como innumerables confusiones mentales que deben provocar la risa en el lector y en el fondo busca relacionar a las personas con ideas socialistas con personas que no saben de lo que hablan.  Estos identifican los problemas sociales de los que habla la prensa que leen con asuntos propios del pueblo donde viven, transformando en problemas lo que según el autor no lo eran, como es el analfabetismo en el que viven o las condiciones económicas de todos ellos mientras el alcalde y los latifundistas controlan la mayor parte de las fuentes de riqueza del pueblo que podrían mejorar sus vidas de hacerse de ellas un mejor uso. Igualmente, identifican al cura del pueblo como causante de sus males al no dejarles progresar en sus conocimientos y al acumular algunas tierras que no utiliza para su cultivo. Comienzan reclamando mejores jornales, para lo que se convoca una huelga. Francisco García Cuevas plantea esta como un acto de violencia, terrorismo y extorsión. Pronto la huelga se transforma en una batalla campal que trasciende a la prensa provincial. Como quiera que el diputado del momento es liberal, decide disolver el ayuntamiento conservador y reconocer alcalde al que encabezó a los huelguistas. Este, guiado tramposamente por el secretario, el cual ejerce indistintamente con los conservadores y con los liberales, proclama la vida comunal y el reparto de tierras, previa expropiación a los latifundistas. Entre tanto una rebelión de las mujeres es rechazada por conservadores y por liberales, pues la presentan como caos y orden del mundo invertido. El reparto se realiza al fin y se presenta como algo que es cercano al robo, con envidias, con ambiciones, con asesinatos, e incluso con incendios. En la fase previa del reparto de los lotes de bienes de los expropiados se incurre en una estricta aplicación de las matemáticas, que luego son alteradas por cuestiones de ambición y corrupción, que en origen demuestra el mismo error y la misma broma de incomprensión del conservadurismo del autor ante las ideas de la igualdad social del socialismo que habíamos visto en Nilo María Fabra. Ambos contemplan la abolición de la propiedad privada no como abolición, sino como reparto igualitario de todos los bienes siguiendo estrictas y rígidas normas aritméticas, lo que en realidad no crea una economía comunal o comunista, si no una gran cantidad de pequeños propietarios con unos bienes ínfimos para vivir, insuficientes y aún con una mentalidad de competencia propia de un sistema social no socialista. Como sea, finalmente ha de intervenir la guardia civil en cuanto aparecen los muertos y se proclama la República en el pequeño territorio rural. El orden monárquico conservador y católico es restituido y son perseguidos todos los principales personajes que habían iniciado todo aquel proceso con sus lecturas de prensa liberal. La cárcel, la muerte, el perdón del cura… todo gira en el final de la obra para reafirmar un orden moral de una clara índole política y religiosa [14].

No se trata de una distopía puesto que no ofrece una sociedad ideal degenerada. El libro es más bien una crítica feroz contra los ideales liberales, republicanos, socialistas y feministas. Carga contra todas las visiones alternativas de un mundo diferente al que proponen los conservadores dentro de la monarquía, la religión y el sistema burgués. Es por ello un libro que presenta como utopía paradisiaca un estado social cercano al Antiguo Régimen y presidido por los valores del catecismo católico, y vaticina el caos y el desgobierno de la sociedad que se aparte de esa línea, y es eso lo que le aproxima a la distopía. Es en realidad una contestación política y social desde la literatura a las propuestas de regeneración social de las propuestas de izquierdas políticas y sobre todo contra las propuestas de revolución social, republicanismo y el dar voz a los trabajadores para que decidan ellos mismos sobre su forma de gestionar los asuntos que les afectan. Pero de igual manera también hay acometidas contra el sistema bipartidista en el que había caído la monarquía de Alfonso XIII desde que en los funerales de su padre en 1885 se alcanzara un pacto de Estado secreto entre el Partido Conservador y el Partido Liberal para turnarse en el gobierno generando trampas legales e ilegales para ganar las elecciones a conveniencia. En ese sentido está en la línea del regeneracionismo, sólo que su posición es contraria tanto al turnismo como a todo lo que suene a izquierda política y social, derrumba con humor y dolientes expresiones y descripciones insultantes a unos y a otros. Su propuesta es catolicismo, con carácter social, fuerte jerarquización y sumisión de los más humildes de la sociedad a la Iglesia, a los reyes y a las fuerzas del orden, puesto que también pone en tela de juicio la honestidad de los resultados electorales por cuanto que duda el autor de la capacidad de votar de las personas de los pueblos e incluso de las fábricas y barrios populares. No es una distopía propiamente dicha porque esta novela es una crítica a las ideas políticas y sociales nuevas que estaban en auge en esos momentos, sobre todo tras 1898, lo que le une con distancia junto a la crítica social de Mariano José de Larra en las primeras décadas del siglo XIX, la cual se hacía con la idea de poner en evidencia los males de la sociedad española con humor con idea de lograr su corrección. No es tanto una propuesta de sociedad fallida, sino una crítica sarcástica. Sin embargo, tiene toques que preludian la distopía por cuanto Francisco García Cuevas desarrolla en el pueblo ficticio de Villafeliz la sociedad liberal, republicana y socialista que todas esas corrientes ideaban a la vez, con sus diferencias entre sí, y hace destacar el autor todas aquellas cosas que él considera errores, malos planteamientos, perversidad o analfabetismo de quienes siguen determinadas ideas, y asuntos llamados al conflicto de aplicarse en la vida real.

En el epílogo, firmado en 1909, el autor manifiesta que algunas personas habían leído las cuartillas que escribió cuando las mandó a la imprenta, o sea, antes de ser publicado el libro. Aquello le valió muy duras críticas y muy duros insultos, de los que trata de hacer ver que no le afectan. Se cree en posesión de la verdad, y aunque dice escribir una obra de humor, dice que todo lo que escribe es verídico. Lo que, a sabiendas de que es una ficción, empezando por la existencia de ese pueblo, viene a ser algo similar a afirmar que es verídico el carácter que él otorga al liberalismo y al socialismo.

En aquel momento 1909-1910 a pocos se les escapó que había muchos paralelismos con la política municipal y social de Alcalá de Henares, incluso en algunos personajes, aunque se aspira a describir un panorama general de toda España.


EL CONFLICTO OBRERO QUE RODEÓ LA CREACIÓN DE LA NOVELA

La población de Alcalá de Henares había ido en aumento desde el final del siglo XIX, sin embargo, en la década de 1900 a 1910 se vivió un descenso poblacional. Esta población era principalmente rural. Tenían numerosos problemas de carestía del pan y otros alimentos, lo que llevaba a conflictos por la propiedad de la tierra y a usurpaciones por uso de las tierras comunales del municipio [15]. No obstante, entre 1893 y 1900 aumentaron los conflictos laborales en la ciudad y se incrementaron las huelgas. Destaca entre ellas una la manifestación que protagonizaron las mujeres en protesta por el precio y calidad del pan en 1898, la cual fue disuelta mediante el ejército y la declaración del estado de guerra en la ciudad. En 1900 una huelga de panaderos alcalaínos volvieron a movilizar las alarmas del Estado, esta vez al ponerse en juego el suministro de pan a la capital. Así llegamos a la década de 1900 a 1910, donde esos conflictos y la situación política y económica del país alimentaron la organización y aumento de los trabajadores alcalaínos entre republicanos y socialistas, que si bien comenzaron la década en disputas, llegaron a acuerdos y coaliciones al final de aquellos años [16], en línea recta a lo que sería la evolución de los trabajadores españoles, que se encaminaban a la gran huelga revolucionaria de 1917. En todo caso hay que recordar la génesis de la organización de los trabajadores alcalaínos en la época de la Primera Internacional en 1871-1872, con el mismísimo Paul Lafargue presente en la ciudad y las disputas entre seguidores de Kart Marx y seguidores de Bakunin [17].

En 1902 Alcalá de Henares vio la fundación de la Asociación de Obreros de Todos los Oficios de Alcalá de Henares, de carácter socialdemócrata y antecedente en la ciudad de la sede del sindicato Unión General de Trabajadores. Esta asociación estaba presidida por Antonio Fernández Quer, que en 1903 fundaría la Asociación Socialista de Alcalá de Henares, que en breve sería el Partido Socialista Obrero Español local, y con la cual ganó en las elecciones de noviembre dos actas de concejal, teniendo que renunciar a una ya que las dos habían sido votadas por los electores en la misma persona de Quer, que de este modo se transformó en el primer concejal socialista de Alcalá de Henares y en la primera persona del PSOE con cargo político en las Castillas, incluso antes que el fundador del partido, Pablo Iglesias [18]. Antonio Fernández Quer, albañil de oficio, se introduce así en el ayuntamiento de una manera tan pionera por ser el primero que pudiera resultar una anomalía para los conservadores complutenses como García Cuevas y también como una señal de alarma para múltiples católicos y empresarios. El origen de oficio, el cual siguió ejerciendo por las mañanas, y el probable vocabulario y costumbres que pudiera acompañar a Fernández Quer dado el mismo, puede que fuera algo que inspirara a García Cuevas en sus tópicos de animadversión contra los personajes liberales y socialistas de Villafeliz. Sin duda su sorna contra las tareas de sus trabajos de los vecinos de la novela metidos a autogobernarse es algo recurrente, así como el interminable mal hablar que les otorga el autor, exageración sarcástica y esperpéntica, al estilo de los esperpentos de Valle-Inclán también de comienzos del siglo XX.

Ese panorama de auge del republicanismo y el socialismo en la ciudad se verá algo mermado en la década siguiente de 1910 a 1920 al organizarse los católicos en un centro obrero propio fundado en 1909, el Centro de Acción Social, posterior Mutual Obrera Complutense años más adelante [19]. Ese centro contó entre sus participantes a Francisco García Cuevas, como católico social que era. A pesar de que los movimientos obreros nunca cesaron en su actividad y de recoger simpatías, la dictadura de Miguel Primo de Rivera de 1923 a 1930 frenará este proceso en la ciudad, que renacerá con mayor fuerza que nunca antes en 1931 con la Segunda República.

Cuando Francisco García Cuevas escribió su novela entre 1909 y 1910 el socialismo español estaba mayoritariamente influido por el anarquismo, aunque en Alcalá fueran mayoritarios los socialdemócratas. Esto no quiere decir que todos los obreros españoles con conciencia de clase fueran seguidores de las ideas libertarias, pues muchos de ellos aún estaban muy sujetos a ideas de participar de las instituciones, como es el caso de los alcalaínos, o bien no terminaban de distinguir las posturas comunistas diferentes entre Karl Marx y Bakunin, las cuales diferían en el modo de llegar a la comuna, en el mantenimiento del Estado o no. El trabajo de difusión de Fanelli en España a través del grupo de anarquistas españoles que conoció y formó hizo ver que los españoles se sentían más cerca de las ideas de Proudhon que de Bakunin [20], aún con todo, de este proceso, se puede decir que los obreros se decantaban entre las ideas de Marx que derivarían en la socialdemocracia en España con Lafargue, como ocurrió en el caso alcalaíno, y las ideas libertarias.

El fomento de las ideas socialistas entre los obreros implicó una educación social que se plasmó en la edición de numerosas publicaciones en forma de folletos y periódicos. Si bien quienes escribían los principales artículos era gente bien formada y muy estudiados y reflexivos en las ideas que les motivaban, estos textos llegaban a grandes cantidades de obreros no tan instruidos, a veces analfabetos. La proliferación de ensayos y reflexiones además caían en contradicciones y a veces en intentar explicar ideas que no se habían entendido o asumido del todo. Además, en los periódicos podía escribir cualquier suscriptor o lector, lo que a veces hacía que escribieran personas o grupos no del todo conscientes del significado de las ideas socialistas. Muchos trabajadores que abrazaron el anarquismo, o que leían su prensa, a la vez creían en la viabilidad de participar en las vías institucionales, de ahí la división de unos trabajadores en unos y otros partidos de izquierdas, aunque no fueran exactamente socialistas pero sí republicanos. En cuanto al asunto de la violencia, aunque el anarquismo español se decantaba por vías no violentas, usando de la pedagogía y de la huelga, es indiscutible que las personas menos instruidas eran dadas al uso de la violencia, sin entrar ya a juzgar en los porqués del uso de la violencia en el comienzo del siglo XX donde el Estado también la usaba y donde los problemas del desempleo podían protagonizar dramas gravísimos en las familias. Según las palabras de Adolfo Bueso, uno de los fundadores del sindicato anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT) a menudo aparecían grupos de afinidad anarquista compuestos por pocas personas, todas ellas sin instrucción y conociendo por encima y mal las ideas del socialismo, que se dejaban llevar por folletines y libros donde se mencionaba la violencia, dejándose llevar por una acción violenta de la que en general había un rechazo incluso entre los anarquistas y otros socialistas [21].

He ahí quizá parte del ambiente que los conservadores y su prensa en concreto usaron y generalizaron como principal característica tópica de todo trabajador que adquiría ideas políticas y sociales de izquierda: analfabetismo y violencia, como si de seres embrutecidos se tratara al ser educados y guiados por una prensa que consideraban perniciosa por ir contra la monarquía, contra la religión, en algunos casos contra el Estado, y contra la organización social burguesa. Todos estos rasgos ideológicos de un conservador de comienzos del siglo XX hacia un socialista se plasman humorística e insultantemente en Villafeliz o el paraíso perdido. La novela es la extensión del intento de mandar el mensaje al lector sobre que el orden y la justicia sólo se da dentro de los cánones del catolicismo, mientras que fuera del catecismo sólo existe el caos. Es por tanto también un ejercicio de propaganda política católica inserta en esos esfuerzos que hicieron los católicos complutenses en la década de 1900 junto a la fundación del periódico El Amigo del Pueblo o al Centro de Acción Social.


[14] Francisco GARCÍA CUEVAS, Villafeliz o el paraíso perdido, ed. Imprenta El Amigo del Pueblo, Alcalá de Henares, 1910.
[15]  Julián VADILLO MUÑOZ, El movimiento obrero en Alcalá de Henares (1868-1939), ed. Silente, Guadalajara, 2013, pp. 27-72; también en José Luis SALAS OLIVÁN, “Una aproximación a la población alcalaína de final del siglo XIX”, en Anales Complutenses, vol, XXVI, ed. Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares, 2014, pp. 155-179.
[16] Julián VADILLO MUÑOZ, El movimiento obrero en Alcalá de Henares (1868-1939), ed. Silente, Guadalajara, 2013, pp. 110-192.
[17] Daniel LÓPEZ-SERRANO PÁEZ y Julián VADILLO MUÑOZ, “Alcalá de Henares dentro de la I Internacional, un forcejeo entre marxistas y anarquistas (1871-1872)”, en XIV encuentro de historiadores del Valle del Henares, libro de actas, ed. Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares-Guadalajara, 2014, pp. 211-225; así como en Julián VADILLO MUÑOZ, El movimiento obrero en Alcalá de Henares (1868-1939), ed. Silente, Guadalajara, 2013.
[18] Ídem nota 16
[19] Op. cit. en nota 16, pp. 193-235.
[20] Juan Pablo CALERO DELSO, “La influencia de Mijaíl Bakunin en España, en Germinal, revista de estudios libertarios, nº 12, Madrid, Julio-Diciembre de 2014, pp. 12-24.
[21] Paco MADRID, “La educación social en el anarquismo”, en Germinal, revista de estudios libertarios, nº 4, Madrid, octubre de 2007, pp. 103-119.

lunes, junio 19, 2017

NOTICIA 1713ª DESDE EL BAR: VILLAFELIZ O EL PARAÍSO PERDIDO, UN PRELUDIO DE DISTOPÍA EN 1910 (1 de 3)

La siguiente investigación que realicé para el XV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, y que se puede leer en su libro de actas publicado en noviembre de 2016, la hice en torno a la figura de una persona muy conservadora del Alcalá de Henares de comienzos del siglo XX: Francisco García Cuevas. Este hombre era un ultracatólico que era propietario, director y redactor del periódico local El amigo del pueblo, del que se pueden encontrar ejemplares en el Archivo y Hemeroteca Municipal de Alcalá de Henares. A la vez era propietario de la papelería y tienda de prensa y libros La Bola de Oro, ubicada en la Plaza de Cervantes y que, como se verá, daba nombre a la propia "editorial", o servicio editorial, desde el que García Cuevas publicó diversas cosas. Además es uno de los primeros nombres que aparecen en activo en la Mutual Obrera Complutense, hoy Mutual Complutense, fundada por el catolicismo social de principios del siglo XX con la idea de alejar a los obreros alcalaínos de los movimientos socialistas y republicanos donde estaban arraigando. Si bien es cierto que en su día presenté a este hombre en la conferencia correspondiente como fundador de tal Mutual, quería indicar no tanto que fuera un fundador de los que mueven la burocracia y el dinero inicial para hacer la fundación, ni que fuera un miembro del primer minuto, si no que fue un miembro muy activo casi desde el principio. Es cierto que la palabra "fundador", atendida en su literalidad, puede hacer que se me tire de las orejas por no serlo, pero no me refería a lo literal de la palabra, sino al hecho de que sin primeras personas inscritas en esta asociación, por mucho papel que se rellenara y mucho local que se aportara, o normas, no hubiera habido asociación o viabilidad de su supervivencia. Así pues me refería a que era uno de los primeros mutualistas, y muy activo, y en ese sentido es uno de los fundadores, o pioneros, si se prefiere esa palabra a las posibles connotaciones literales de "fundador" que no sería. Esta nota la anoto a causa de que Pilar Lledó, que dirige el Instituto de Estudios Complutenses, y Vicente Sánchez Moltó, cronista oficial de la ciudad, me tiraron amistosamente de las orejas por usar esas palabras. A veces hay que entender el contexto en el que se usan las palabras, más que la literalidad de las palabras. Como buenos historiadores, al menos como historiadores de carrera y método científico, no como aficionados, sabemos todos los que ejercemos como tales que no importa tanto que por ejemplo se discuta si un personaje dijo un metro más acá o un metro más allá de un muro o una puerta unas palabras transcendentales, pues lo que importa es explicar y comprender el porqué de las palabras, el porqué del personaje, el porqué del lugar, etcétera. Por ello creo que es pertinente e importante la corrección que se me hizo para que nadie se llevara a error, pero a la vez creo que a buenos entendedores, pocas palabras bastan.

García Cuevas escribió en 1910 lo que pudiera ser un preludio de novela distópica, aunque ya habían existido preludios en relato. Hay que recordar que el género fue propiamente ya fijado por Zamiatin en 1920-1922, por ello es un antecedente importante del que casi no se tiene noticia en España, y aún poca fortuna menos se tiene en Alcalá de Henares. El libro no es estilísticamente muy bueno, ni narrativamente. Sin embargo es un precedente digno de estudio que no llega a ser distopía, pues aún no se imbuye del todo en los recursos propios que marcan el género, y coge mucho de la crítica satírica política de la España del XIX que recién había terminado en fechas. Yo pude leer el libro en un ejemplar original que me prestó mi amigo el doctor en Historia Julián Vadillo, quien lo había encontrado a buen precio en un puesto de libros antiguos en la Cuesta de Moyano de Madrid. A veces se venden cosas que los vendedores no saben muy bien lo que están vendiendo. Os dejo con la primera entrega de tres de aquella investigación. 



VILLAFELIZ O EL PARAÍSO PERDIDO, UN PRELUDIO DE DISTOPÍA EN 1910 (parte 1 de 3)
Daniel López-Serrano Páez
Licenciado en Historia
17 de febrero de 2016


Resumen: La distopía es un género literario que muestra la deformación de un mundo utópico, en otras palabras: una sociedad ideal, en un mundo no ideal para vivir. El autor ruso Zamiatin estableció sus formas en 1920, antes de esa fecha existieron algunos preludios en novelas y relatos utópicos y de ciencia ficción que anticipaban dudas sobre la planificación de los mundos ideales. Uno de esos preludios se dio en España en Alcalá de Henares de manos de un católico monárquico llamado Francisco García Cuevas, en 1910.
Palabras clave: Alcalá de Henares, distopía, Francisco García Cuevas, literatura, siglo XX, socialismo, catolicismo, monárquico

Abstract: Dystopia is a literary genre that shows the deformation of an utopian world, in other words: an ideal society in the not ideal for living world. Russian author Zamiatin established its forms in 1920, before then there were some preludes and utopian novels and science fiction anticipating questions about planning ideal worlds stories. One such preludes was in Spain in Alcalá de Henares, written by a royalist catholic named Francisco Garcia Cuevas, in 1910.
Key words: Alcalá de Henares, dystopia, Francisco García Cuevas, literature, twentieth century, Socialism, Catholicism, Monarchy

1910: UNA NOVELA ALCALAÍNA

La ciencia ficción española comienza a aflorar en nuestra literatura en torno a la década de 1880, situando a España una vez más en una posición de retraso en los avances culturales respecto al resto de Europa. Sin embargo nuestra literatura contaba con una amplia travesía de textos sociales y de ensayos sobre la situación y las posibles formas de mejorar la vida de las personas. Cuando en 1898 ocurrió la guerra con Estados Unidos, perdiendo los territorios de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, este tipo de lecturas se multiplicaron dentro de la corriente de regeneración social y política. Ya no sólo sería los socialistas y republicanos los únicos en pensar y escribir sobre su ideal social. Los conservadores comenzarán a escribir textos similares y a criticar las soluciones liberales, republicanas y socialistas. En este contexto apareció de manera modesta y poco difundida una novela en Alcalá de Henares que preludiaba lo que a partir de 1920 se conocerá como novela distópica, nacida de manos rusas. No quiere esto decir que no hubiera otros preludios en otros lugares, H. G. Wells en Reino Unido ya había anticipado también algunos, y en cierto modo Julio Verne en Francia con El dueño del mundo (1904).  


En 1910 la imprenta de El Amigo del Pueblo, situado en el número 8 de la Calle Mayor de Alcalá de Henares, publicaba en papel barbado, cubierta de cartoné y encolado, una novela llamada Villafeliz o el paraíso perdido. El libro se anunciaba en su primera página como novela histórica. Contaba con 316 páginas, de unas dimensiones 20 x 13 cm., que presentaban la narración en cincuenta y siete capítulos y un epílogo, por lo general de una extensión breve entre las cuatro y las seis hojas por capítulo. En la cubierta de portada se podía ver una escena popular con personajes en vestidos rurales arquetípicos de un pregonero, un niño, un cura, un maestro, una mujer, y otros tantos que eran los protagonistas de la historia [1]. En la contraportada se indicaba que se encontraba en venta en Alcalá de Henares en el comercio La Bola de Oro, situado en el número 37 de la Plaza de Cervantes y en la casa del autor, situada en la calle Cisneros, número 5. En Madrid también se vendía, en la Librería Don Enrique Hernández, de la calle de la Paz, número 6. El coste era de dos pesetas, y se le sumaban veinticinco céntimos si se hacía el pedido por correo certificado, para costear el sello postal. A la vez se anunciaba del mismo autor La verdad cristiana, cartas de un librepensador, de 350 páginas a dos pesetas y media. Cuya portada sería una cruz atravesando una nube [2]. Si atendemos a la fechación del epilogo el autor lo comenzó a escribir en 1909. La publicación sólo fue editada una vez.

Ese autor era Francisco García Cuevas, un prolífico autor periodístico en Alcalá de Henares de carácter antiliberal y propagandista del catolicismo desde posturas ultracatólicas, mezclando su religiosidad con posturas políticas y sociales profundamente conservadoras. Si bien La verdad cristiana, cartas de un librepensador deja bastante claro en el título y su portada, ya no sólo en su texto, ese perfil ideológico, la novela Villafeliz o el paraíso perdido, la cual era una novela de ficción y no histórica como se indicaba en aquella primera página, es una novela que marca también unas muy claras ideas contrarias al liberalismo político de principios del siglo XX español, el cual se identificaba con la izquierda política, pero especialmente carga contra el socialismo español. Entre los ejemplares que editó se puede encontrar aún en cierta librería de viejo uno de ellos que García Cuevas llegó a dedicar al señor director de El Pueblo Católico, una publicación cuya cabecera dejaba claro el carácter del tipo de público lector interesado en esta obra y al cual iba destinada [3]. Es muy evidente en el título de la obra la referencia a El paraíso perdido de John Milton publicado en 1667, en donde el Diablo desea vengarse de Dios utilizando a Adán y Eva llenándoles la cabeza de ideas que les hace perder el Paraíso, el cual recuperan al final de la obra con arrepentimiento y devoción.


QUÉ ES LA DISTOPÍA, SU ORIGEN. APROXIMACIONES EN ESPAÑA

"Distopía: Del lat. mod. dystopia, y este del gr. δυσ- dys- 'dis-2' y utopia 'utopía'.
 1. f. Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana." [4]

Así acogió la lengua española este término contrario al de utopía en 2013. El término, complementario con el no reconocido de antiutopía, era ya muy usado en los medios anglosajones muchos años antes, décadas antes, teniendo incluso ensayos y hasta enciclopedias al respecto. Se atribuye a John Stuart Mill su primer uso en 1868 como antónimo de la utopía de Thomas More de 1516 [5]. Yo mismo en 2005 traté de acercar el término distopía al lector describiéndolo en un ensayo como la degeneración de la sociedad utópica al querer alcanzar la sociedad perfecta a través de un control social que transformaba la futura sociedad feliz y perfecta en algo asfixiante y peligroso para el individuo. En uno de los párrafos de aquel ensayo describí: “La distopía, como relato equivalente a los relatos utópicos, nace en el siglo XX. Ya existían factores críticos con las utopías, como hemos visto, pero aún no existía una estructura relatada de la distopía. Al igual que la utopía puede rastrearse en cierto modo en relatos y conceptos religiosos o míticos, la distopía puede rastrearse en esas críticas e, incluso, en relatos catastrofistas. En la propia religión, sin ser distopía, el Infierno puede ser la distopía del Cielo, en casi todas las religiones hay equivalentes de estos términos. No obstante, el propio Diablo es, en diversas religiones, un ángel caído por intentar hacer cumplir los deseos de Dios de modo impropio” [6]. La distopía, aunque pueda ser rastreados algunas de sus características siglos atrás, propiamente dicha como género literario con todos sus factores ya establecidos nace en el comienzo del siglo XX de manos de Yevgueni Zamiatin. Escribió una novela sin título entre 1920 y 1921 que fue publicada años después por entregas en Checoslovaquia al estar prohibida, y también por los miedos de Zamiatin, en la Unión Soviética, de donde él era. La novela fue titulada We (Nosotros). Pronto transcendió a Reino Unido y a Francia. Le causó serios problemas al autor que intentó su exilio en diversas ocasiones hasta que lo logró al fin muchos años después con la intermediación del escritor Máximo Gorki con Stalin. Básicamente en esa novela, junto a algunos relatos breves, Zamiatin había hablado de una sociedad comunal donde el Estado vigilaba hasta el más mínimo detalle la vida de sus ciudadanos y los desindividualizaba llegando al punto de controlar sus actividades diarias, desproveerles de nombres a favor de numeraciones y eliminarles todo gusto por lo que llamamos conocimientos humanísticos y sensaciones como el amor. Todo estaba tecnificado y planificado desde el Estado. Zamiatin, que era un antizarista y un convencido de la sociedad soviética y la revolución, comenzó una deriva crítica con la sociedad utópica prometida a costa de darse cuenta de que existía un control y una represión por parte del Estado que no daba pie a aquella sociedad utópica. Es así como nace el género distópico con todos sus ingredientes ya propiamente asentados. Toda violencia de cualquier tipo contra el individuo para lograr un objetivo positivo, transformaba este en negativo [7].

El siguiente autor distópico en novela, pues hay que recordar la obra de teatro R.U.R., de Karen Çapek en 1920, es el célebre autor británico Aldous Huxley, con Un mundo feliz, de 1932. El cual, al igual que George Orwell, con Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949), reconoció que Zamiatin y su obra había sido vital en sus respectivas obras famosas. Huxley tiene influencias de las experiencias genéticas de sus abuelos y padres y de autores literarios utópicos y de la ciencia ficción que en algunos pasajes de sus obras dejaban desprender algunos aspectos de las utopías que mal tratados al aplicarse podían ser elementos peligrosos para la felicidad real o total del individuo [8]. De hecho uno de los más célebres autores utópicos y de ciencia ficción británicos de finales del siglo XIX y principios del XX que el propio Zamiatin conoció en los primeros años de la Primera Guerra Mundial, en Londres, es H. G. Wells. La amistad de ambos, plasmada sobre todo en sus relaciones literarias, se truncó cuando Zamiatin se hizo seguidor del bolchevismo, pero previamente se habían leído entre sí. En aquellas épocas Wells ya había iniciado diversos relatos y novelas que giraban su optimismo vital en la confianza en los avances humanos, hacia un pesimismo por la Humanidad y el uso de sus conocimientos que, sin ser aún distopías, incluyen en sus utopías de esos años algunos rasgos que prefiguran la distopía que terminó de dar forma clásica Zamiatin. Léase por ejemplo significativo de Wells La guerra de los mundos. [9]

La ciencia ficción será un elemento clave para poder generar la distopía, ya que esta es un producto de mezclas básicamente con las utopias, la ciencia ficción, la filosofía y la sociología. En España la ciencia ficción llega tardíamente respecto al resto de literaturas occidentales, que a través de autores como Julio Verne, el más conocido, ya la disfrutaban. Nuestro primer novelista de ciencia ficción es Enrique Lucio Eugenio Gaspar y Riambau, conocido como Enrique Gaspar, diplomático y dramaturgo de zarzuelas. En 1887 escribió El Anacrónepete, una novela sobre una máquina capaz de viajar en el tiempo, escrita ocho años antes de La máquina del tiempo (1895) de H. G. Wells [10]. Sin embargo, previo a este autor español existe otro autor de ciencia ficción, sólo que este en el género de los relatos, se trata de Nilo María Fabra, padre del poeta Nilo Fabra. El padre escribiría diversos relatos y cuentos de ciencia ficción en periódicos y revistas españolas que recopiló en sus libros Por los espacios imaginarios (1885), Cuentos ilustrados (1895) y Presente y futuro (1897) [11].

El catalán Nilo María Fabra (1843-1903) fue un corresponsal periodístico que terminó fundando su propia revista y agencia de noticias. Fue un pionero como corresponsal de guerra e la prensa española. Informó de los diferentes conflictos bélicos que supuso la unidad de Alemania en la década de 1860. Era un apasionado de las nuevas tecnologías, por lo que hizo un uso intenso del telégrafo y del teléfono como instrumentos de transmisión inmediata de los acontecimientos a largas distancias. Del mismo modo usó de lo que por entonces era el novedoso código Morse aplicado a señales luminosas por parte de los ejércitos, que él adaptó para comunicarse periodísticamente a largas distancias. Era un hombre monárquico y conservador. En sus obras hay una gran influencia de Julio Verne y de H. G. Wells. Recibió por ello los apodos de “el pequeño Julio Verne” y “el H. G. Wells de provincias”, de forma despectiva por sus adversarios políticos y otros literatos [12]. En sus relatos tocó la ciencia ficción no sólo desde las ciencias exactas, también desde las humanísticas. De este modo creó ucronías, anticipó en su imaginación una guerra entre España y Estados Unidos por Cuba con tal lujo de detalles del detonante bélico que se sospecha que quizá alguna autoridad norteamericana pudo leerla un año antes de que ocurriera de verdad en 1898, imaginó trenes ultrarrápidos al estilo de los actuales trenes de alta velocidad y también que podían vigiar por debajo del mar, como el eurotúnel que une Reino Unido con Francia, pensó en un sistema de noticias inmediatas en una pantalla que rápidamente las renovaba por las más actuales, como si hubiera adivinado Internet, etcétera [13]. De entre todos sus relatos de ciencia ficción cabe destacar para este ensayo “El dragón de Montesa o los rectos caminos de la posteridad”. Se burla de la ciencia arqueológica pero más allá de ello se trata de un relato futurista con tonos catastrofistas tras una nueva era glacial por causa de un meteorito que roza La Tierra. Sin tener los elementos exactos de una distopía, allí aparecen algunos de sus rasgos al imaginar un futuro no ideal. Igual ocurre en “Teitán el soberbio” y la capacidad humana de usar la telekinesia con fines destructivos, lo que recuerda a algunos relatos de Phillip K. Dick en el siglo XX. Otro relato que sin ser distópico se aproxima a ello, pues no imagina un sistema social, es “El fin de Barcelona”, relato en el que la ciudad se deja llevar por el pánico ante la posibilidad de ser arrasada por el mar.

Hay otro aspecto que nos interesa de Nilo María Fabra, su conservadurismo y su ser monárquico tan férreos que escribe relatos de ciencia ficción totalmente contra las ideas socialistas y liberales. Tenemos en este sentido “La locura del anarquismo”, en el que desde una burla a la frenología trata el ideal social anarquista precisamente como si fueran ocurrencias de loco. “El futuro ayuntamiento de Madrid” trata a los liberales republicanos como gente sin cultura y aprovechada, cuyo conjunto de actos y de ideas son cosas sin sentido y ocurrencias del momento, sin recapacitación de las consecuencias. La corrupción, los acuerdos y cambios de nombres de calles hacen de este relato uno a tener en cuenta para lo que es este ensayo, ya que Francisco García Cuevas seguirá muchas de las pautas que aquí ya se leían en 1897. Pero no menos importante para el asunto que nos toca es recordar el relato “El triunfo de la igualdad”, de 1885. Un nuevo gobierno afronta la vida comunal y el reparto de todos los bienes para la igualdad de todas las personas, siguiendo la máxima socialista de que el hombre no debe explotar al hombre, siendo la riqueza material la causa. Usando de las matemáticas y de la economía, con  un sentido del humor conservador, sin atender a lo que realmente proclamaban las ideas socialistas sobre la abolición de la propiedad y el dinero, se crea un ambiente de injusticia, de pobreza, de hambre y de envidias que también aparecerá en la obra de Francisco García Cuevas, cuyo libro Villafeliz o el paraíso perdido publicado en 1910 fue escrito entre veinte y diez años después de los relatos de Nilo María Fabra. Queda la duda de si el autor alcalaíno leyó en algún periódico conservador alguno de estos relatos, o si bien contaba con alguno de sus libros recopilatorios.


NOTAS


[1]  Se ve una fotografía de esta portada en Todo Colección, consultada el 15 de febrero de 2016 en http://cloud2.todocoleccion.net/libros-antiguos-novela-historica/tc/2015/09/28/13/51519909.jpg
[2] Se ve una fotografía de esta portada en Todo Colección, consultada el 15 de febrero de 2016 en http://cloud2.todocoleccion.net/libros-antiguos-religion/tc/2009/03/11/12376438.jpg
[3] Se puede ver una fotografía de dicha dedicatoria en Iberlibro, consultada el 15 de febrero de 2016 en http://www.iberlibro.com/servlet/FrameBase?content=/es/imagegallery/imagegallery.shtml?images=http://pictures.abebooks.com/MIMO301169/29560590
[4] VV.AA., Diccionario de la Real Academia Española, consultado en su página web el 15 de febrero de 2016 en http://dle.rae.es/?id=DyzvRef
[5]  Jordi COSTA, “El tiempo de la distopía”, en diario El País, suplemento Babelia, de 4 de octubre de 2014, pp. 12-13.
[6]  Daniel LÓPEZ-SERRANO PÁEZ, “El informe Zamiatin”, en Noticias de un espía en el bar, partes 1 y 2, de 30 de diciembre de 2005, publicadas en: 
 http://espiadelbar.blogspot.com.es/2005/12/noticias-2-y-3-1-desde-el-bar-el.html
[7]  Se puede leer en la referencia de la nota 6, y también en las introducciones de la novela de Zamiatin publicadas en: Sergio HERNÁNDEZ-RANERA, “Prólogo”, en Yevgueni Zamiatin, Nosotros, ed. Akal, Madrid, 2008, pp. 5-29; y en: Fernando Ángel MORENO, “Introducción”, en Yevgueni Zamiatin, Nosotros, ed. Cátedra, Madrid, 2011, pp. 10-97. 
[8]  Ignacio DE LLORENS, “Prólogo”, en Aldous Huxley, Un mundo feliz, Editores Mexicanos Unidos, México, 1985, pp. 7-14.
[9]  ---, “Prólogo”, en H. G. Wells, La guerra de los mundos, Grupo Editorial Tomo, México, 2006, pp. 7-8.
[10]  Jerónimo ANDREU, “La máquina del tiempo trae de vuelta a su inventor”, en suplemento El País de los Domingos, diario El País, 17 de abril de 2011, p. 13; también en Ángel Luis SUCASAS, “Viaje con nosotros por el tiempo”, en diario El País, 1 de agosto de 2014.
[11]  Nilo MARÍA FABRA, La guerra de España con los Estados Unidos y otros relatos, ed. Berenice, Córdoba, 2010.
[12]  David GONZÁLEZ ROMERO, “Prólogo”, en Nilo María Fabra, La guerra de España con los Estados Unidos y otros relatos, ed. Berenice, Córdoba, 2010, pp. 7-16.
[13]  Daniel LÓPEZ-SERRANO PÁEZ, “El pequeño Julio Verne, el H. G. Wells de provincias, el padre de la ciencia ficción española”, en Noticias de un espía en el bar, de 16 de junio de 2015, publicado en:
http://espiadelbar.blogspot.com.es/2015/06/noticia-1494-desde-el-bar-el-pequeno.html

sábado, junio 17, 2017

NOTICIA 1712ª DESDE EL BAR: LOS CORREGIDORES DE ALCALÁ DE HENARES EN EL SIGLO XVIII

En el encuentro bianual de historiadores del Valle del Henares que se celebró el año pasado, el XV, en esa ocasión acogido por Guadalajara, presenté tres investigaciones con sus respectivos tres comunicados a modo de pequeñas conferencias. Ya os hablé de ello varias veces en noviembre del año pasado, 2016, y más en concreto cuando se publicó en papel el libro de actas, donde fueron publicadas todas las investigaciones presentadas (Noticia 1662ª). Aunque doné las separatas de mis investigaciones al Archivo Municipal de Alcalá de Henares, y aunque normalmente tal archivo recibe (supongo que de la Institución de Estudios Complutenses) un ejemplar de cada libro de actas que se edita en cada encuentro, estos aún no están en las bases de datos de los buscadores de la red de bibliotecas y hemerotecas de la Comunidad de Madrid, aunque físiciamente están y se podrían consultar. El técnico al cargo, el cronista oficial de Alcalá de Henares, Vicente Sánchez Moltó, ya se encargará de poder introducir esos datos informáticos para una mejor difusión y consulta, supongo. Tampoco el propio Instituto de Estudios Complutenses ha tenido tiempo aún de anunciar la existencia de ese tomo XV y ponerlo a la disposición de la consulta en formato informático pdf, pero sin duda lo pondrán en cuanto puedan, como suele ser habitual. También doné un ejemplar en papel al Archivo Obrero, en concreto al archivo histórico de la Fundación Pablo Iglesias

Hoy quiero comenzar a poneros esas tres nuevas investigaciones a vuestra disposición en esta bitácora, tal como hice con las tres que realicé para el XIV encuentro, de 2014, las cuales os las publiqué en 2015, y que eran relativas a la presencia de revolucionarios franceses en Alcalá de Henares en 1793 (Noticia 1566ª, Noticia 1567ª y Noticia 1568ª), y dos más junto a Julián Vadillo sobre la actividad de Paul Lafargue en Alcalá de Henares respecto a su presencia en la Primera Internacional y la división entre marxistas y anarquistas en 1871-1873 (Noticia 1569ª, Noticia 1570ª y Noticia 1571ª), y sobre lo que la prensa clandestina y exiliada dijo sobre la explosión del polvorín de Alcalá de Henares en 1947, durante la dictadura de Franco (Noticia 1577ª, Noticia 1578ª y Noticia 1579ª). No sé si os las pondré una seguida de otra, o esperaré entre una investigación y otra, mientras entre medias os escribo otras cosas. Ya se verá, según me vaya saliendo la intención.

La primera investigación que os presento, que podréis consultar en el libro de actas citado y en los lugares citados anteriormente, tanto en papel como, cuando lo hagan disponible, en sistema informático, trata sobre la lista de corregidores de Alcalá de Henares en el siglo XVIII. Lo cierto es que esta ya os la puse a vuestra utilidad y conocimiento en el año 2012, pero es cierto que su cita en mi investigación del 2014 sobre los revolucionarios franceses en la ciudad disparó su consulta, por lo que, tal como expliqué en el XV encuentro de historiadores, quise que esta constara en papel en el libro de actas para que no se perdiera su información para generaciones futuras. En todo caso, amplié el comentario histórico del 2012, y lo mejoré desde un punto de vista más técnico de historiador. Aunque la lista está abierta a perfeccionamiento, aquí os dejo el nuevo texto que lo acompañó y el enlace a la lista de 2012, que es la misma, pero revisada, que la que presenté en el encuentro, como primera entrega de aquellas investigaciones que realicé y presenté, ampliando así junto a las investigaciones del resto de colegas de profesión la historia y conocimiento de Alcalá de Henares y del Valle del Henares. Una lista de corregidores es una llave que puede abrir las puertas a otras investigaciones menos aburridas al lector, pero que no serían del todo completas sin estas otras que pueden llegar a ser vitales en ocasiones para comprender algunas cosas o poder enlazar unos acontecimientos pasados con otros posteriores. En ese sentido, desde 2012, ya he atendido a algún cronista rural que haciendo la Historia de su pueblo me ha escrito a mi correo público realizando alguna consulta, como por ejemplo el derecho a cita o sobre algún apellido muy concreto de la lista.

LOS CORREGIDORES DE ALCALÁ DE HENARES EN EL SIGLO XVIII
Por Daniel López-Serrano Páez

Licenciado en Historia


Resumen: Las listas de nombres de gobernantes es a menudo una herramienta importante para comprender los periodos de tiempo de la Historia. Los corregidores eran representantes del rey en grandes municipios cuya jurisdicción abarcaba un territorio con varios municipios. Presento la lista de corregidores del corregimiento de Alcalá de Henares en el siglo XVIII, si bien la misma está abierta a revisiones, ampliación y perfecciones en el futuro por cualquier historiador o investigador que lo desee.
Palabras clave: Alcalá de Henares, siglo XVIII, corregimiento, corregidor, administrador real.

Abstract: The lists of names of rulers is often important to understand the periods of history. The magistrates were representatives of the king in large municipalities whose jurisdiction covered a territory with several municipalities. Presented the list of magistrates of the village of Alcalá de Henares in the eighteenth century, although it is open to revision, extension and perfections in the future by any historian or researcher who wants it.
Key words: Alcalá de Henares, century XVIII, township, corregidor, royal administrator.

ESPÍRITU DE ESTE LISTADO

Habiendo trabajado como archivero en el Archivo General de la Administración en 2010 y ejercido de investigador por cuenta propia en el mismo durante bastantes años hasta la actualidad tuve la oportunidad de reunir a través de los documentos antiguos del corregimiento de Alcalá de Henares los nombres de los corregidores que hubo a lo largo del siglo XVIII, ya que fui una de las personas que en su día se encargó de describir y catalogar los contenidos por entonces desconocidos y olvidados de las cajas que guardaban esa documentación desde el final de lo que fue el Archivo Central de la Administración, destruido en 1939 por un incendio [1]. A pesar de que la documentación conservada de este fondo tiene su origen en 1524, mi tarea se centró sobre todo en el siglo XVIII. Recogí los nombres de los corregidores que firmaban documentación de tipo fundamentalmente judicial, notarial y de gobierno, tales como son testamentarías, abintestatos, juicios criminales, juicios de faltas, actas notariales, acuerdos de ayuntamiento, cuentas de depósitos de grano, asuntos relacionados con la Universidad de Alcalá de Henares al respecto de cuestiones relacionadas con ciudadanos o con la ciudad, etcétera. Conmigo hubo trabajando otras personas que ayudaron en la anotación de esos nombres.

La presente lista ya fue publicada una primera vez de manera informal en una  bitácora personal [2] pasando totalmente desapercibida hasta que fue mencionada por mí mismo en el anterior encuentro de historiadores del Valle del Henares [3]. La gran solicitud de su consulta recibida desde entonces me ha hecho recapacitar sobre la necesidad absoluta de que sea publicitada y publicada con una revisión dentro de las actas de dicho encuentro de historiadores, por ser un foro mediante el cual avanza el conocimiento y la Historia del Valle del Henares. Este listado ha de servir como herramienta para empezar de algo a partir de una nada que existía previamente en nuestro conocimiento. Dejo abierta la puerta a otros investigadores a que realicen los ajustes necesarios, el rellenado de los huecos existentes, así como su completado anotando el nombre del resto de corregidores que se podrán leer en ese fondo a lo largo de sus fechas extremas del siglo XVI al XIX [4].

EL CORREGIMIENTO

Alcalá de Henares fue la cabeza judicial de un corregimiento muy basto en el espacio que abarcaba varios municipios, desde Vallecas hasta las cercanías de Guadalajara. Un corregimiento es, salvando las distancias, lo que a partir del siglo XIX será un partido judicial. El corregidor apareció en el sistema judicial y de gobierno municipal en 1312, con Alfonso XI. En principio eran representantes del rey en el Reino de Castilla para regir en el gobierno municipal junto al regidor en aquellas ciudades cuyos conflictos en sus concejos hicieron que el poder real aprovechara para ir consolidándose en aquellos lugares. Los corregidores no siempre fueron bien recibidos por los oligarcas que formaban los concejos. Los corregimientos se afianzaron con Enrique III entre los siglos XIV y XV y definitivamente los institucionalizaron como parte imprescindible del gobierno Isabel I y Fernando VI (los Reyes Católicos) entre el siglo XV y el XVI, a partir de 1476. A pesar de las protestas de las Cortes, desde entonces los corregidores estarían presentes no sólo en las ciudades con conflictos en su concejo, si no en todas las ciudades del reino. Desde ese momento los hidalgos y los caballeros se hicieron con casi todos los cargos de corregidores, en detrimento de las fórmulas relativamente democráticas que habían existido hasta esas fechas, y que incluso en algunos casos eran directamente los reyes quienes nombraban corregidores en determinados municipios [5].

Con la Guerra de Sucesión de 1700-1714 se produjo una modernización a la francesa de las instituciones y forma de gobernarse España. La nueva dinastía reinante, los Borbón, realizaron reformas de todo tipo en el gobierno, la administración y la economía de España provocando una regeneración que afectó igualmente a los corregimientos. Estas reformas siguieron profundizando con todos los reyes de ese siglo, especialmente con Carlos III (rey de España de 1759 a 1788). Tras el llamado Motín de Esquilache de 1766 se inició una reforma del  gobierno de los municipios mucho más amplia y ambiciosa que las que hubieron hasta esa fecha, con intención de reforzar el poder del gobierno central. Así se crearon figuras como las del diputado del común y los síndicos personeros, elegidos por sufragio de todo varón mayor de edad del municipio. De esa manera se trataba de disminuir el poder de las oligarquías locales. Estos cargos representaban funciones de abastecimiento y de representación, restando poder a los corregidores [6]. Se sumaban a estos cargos los de superintendentes, así como se daba algunas funciones a los militares que podían tener cierta autoridad en grandes municipios, como es el caso del corregimiento de Alcalá de Henares.

Hubo corregidores hasta el final del Antiguo Régimen. Sobrevivieron primero con la invasión napoleónica y el sistema de juntas revolucionarias de 1808-1814, luego con el Trienio Liberal de 1820-1823. Definitivamente tras la muerte de Fernando VII en 1833 fueron finiquitados y modernizados como partidos judiciales.

El corregidor no era sustitutivo del alcalde, que seguía existiendo en el gobierno de los municipios de una determinada cantidad de habitantes, como era el caso de Alcalá de Henares. Sólo que a menudo el cargo de alcalde y de corregidor se unía en una sola persona. El corregidor compartía gobierno con el regidor, en teoría debían ser personas diferentes, pero fuese de manera regular o irregular, o por las necesidades económicas (según la época se vendían los cargos, ya fuese de manera permitida o de forma encubierta), hacía que a veces una persona no sólo tuviera los dos cargos, sino que a veces ejerciera también hasta de teniente de corregidor, cargo que tenía que ser auxiliar del corregidor en su ausencia. Se producía de ese modo una insólita acumulación de cargos en una persona cada cierto tiempo. En cierto modo era una práctica en parte "permitida", ya que normalmente estos cargos los conseguían familias de la baja nobleza o la alta burguesía estudiada en leyes (jurisconsultos) que aspiraba a ser nobleza. Los corregidores han sido ambiguos en su aceptación social, como decía anteriormente, no siempre eran bienvenidos en sus municipios. El corregidor lo nombraba el Rey y el Consejo de Castilla, pese a la compra que se producía en ocasiones [7]. El corregidor tenía voz y voto en los concejos de los municipios (donde estaban los concejales y el alcalde), hacía de juez ordinario, de representante del Rey y del regidor de la región donde se encontraba (una región eran varios corregimientos), dictaba ordenanzas para el corregimiento (que eran varios municipios, uno mayor cabeza de otros menores, Alcalá de Henares era la cabeza de su corregimiento), velaba por el orden público teniendo poder sobre las autoridades del lugar, se ocupaba de los problemas de abastecimiento de los municipios y se encargaba de que las cuentas de las rentas, Hacienda, estuvieran en orden. Además, su nombre venía porque la tarea legal con la que nacieron inicialmente era la de corregir las deficiencias jurídicas y de gobierno de los municipios ante el desconocimiento de las leyes en todo su rigor por parte de las autoridades que había antes de la llegada del corregidor a la zona. Los corregidores eran asistidos por los notarios y escribanos, que dejaban constancia de todo lo que dictaminaba. En Alcalá de Henares, aunque hubo muchos y muy notables escribanos, destaca la familia Azaña como una saga de escribanos y notarios al menos desde el siglo XVII, que terminaron incluso interviniendo en la política municipal en los siglo XIX y XX.

El mundo del corregimiento es bastante más complejo, pues aunque el corregidor era la máxima autoridad judicial y administrativa como representante del Rey a través del Consejo de Castilla, se producía a menudo la coordinación o el choque con otras autoridades con autoridad propia, como puedan ser las eclesiásticas, las universitarias o las militares, aunque, según avanzan los siglos, y con la llegada de los Borbón, se tiende a que sea la autoridad del Rey la que prevalezca, ya sea por medio de estos corregidores o por medio de otras figuras del gobierno de España, como ya se ha dicho. Depende de la época.

El siguiente listado ha sido elaborado a partir de centenas de documentos originales en legajos. A pesar de sus deficiencias que deberán ser enmendadas por los historiadores interesados, puede servir de punto de partida para muy diversos estudios, incluido el completado y mejora de esta lista. En algunos momentos se intuye en el listado sagas políticas alcalaínas, tal vez corrupciones por acumulación de cargos o por sucesiones sospechosamente entre miembros de una misma familia, casi a modo hereditario en un sistema en principio elegido por sufragio, o, conociendo la Historia de España y de Alcalá, quien pudo ser un ilustrado y quien alguien contrario a las ideas ilustradas. En esta lista se contiene el nombre de aquellas personas que tuvieron un gran poder de administración y justicia en el Valle del Henares [8].


NOTAS

[1]  José María SAN LUCIANO, El incendio y destrucción del Archivo General Central: Alcalá de Henares 1939, ed. Marcos Antonio González López, Alcalá de Henares, 2010.
[2]  Daniel LÓPEZ-SERRANO PÁEZ (“Canichu”), “Noticia 1048ª desde el bar: Una exclusiva lista, los corregidores de Alcalá de Henares en el siglo XVIII”, en Noticias de un Espía en el Bar,  en: http://espiadelbar.blogspot.com.es/2012/02/noticia-1048-desde-el-bar-una-exclusiva.html, publicado desde 9 de febrero de 2012. 

[3]  Daniel LÓPEZ-SERRANO PÁEZ, "Informaciones secretas sobre revolucionarios franceses en Alcalá de Henares al cortarle la cabeza a Luis XVI en 1793", en Libro de Actas del XIV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, 2014, ed. Institución de Estudios Complutenses, Alcalá de Henares-Guadalajara, 2014, pp. 167-182. 
[4]  Archivo General de la Administración (AGA), en el fondo de Justicia correspondiente a Corregimientos, en Corregimiento de Alcalá de Henares, correspondiente a la ubicación (07) 042.002, que también recoge documentación del  Juzgado de Primera Instancia de Alcalá de Henares. Abarca documentos de los años 1524 a 1870. Consultable a través también a través de PARES: http://pares.mcu.es/ParesBusquedas/servlets/Control_servlet  
[5]  VARIOS AUTORES, Historia de España, vol. 3, ed. Salvat, Mallorca, 1984, pp. 807-808.
[6]  VARIOS AUTORES, Historia de España, vol. 6, ed. Salvat, Mallorca, 1984, pp. 1773-1776.
[7]  José Antonio ESCUDERO, Curso de Historia del Derecho, fuentes e instituciones jurídico-administrativas, ed. UNED, 2007, pp. 577-579. 
[8]   Para este apartado han sido también útil la consulta de John LYNCH (coordinador), John EDWARDS, Historia de España. La España de los Reyes Católicos, tomo 10, ed. Centro Editor PDA, Madrid, 2007; y John LYNCH (coordinador), Historia de España. Los primeros Borbones: 1700-1759, tomo 15, ed. Centro Editor PDA, Madrid, 2007